La Naturaleza

Desde los orígenes de la investigación, el conocimiento de la evolución de la Tierra y de los seres vivos se ha englobado en el ámbito de la denominada historia natural. Así, en la época romana Plinio El Viejo publicó una Historia naturalis en 37 volúmenes y la expresión mantuvo su vigencia  hasta el siglo XIX, cuando el asentamiento de las bases del método científico dio pie a la creación de una nueva terminología que la hizo caer en desuso. Su estudio, además del ámbito meramente científico, abarca también a interpretaciones filosóficas en el contexto de la llamada filosofía natural.

En su sentido más genuino, la naturaleza es el conjunto de  los seres naturales, es decir, no originados por la mano del hombre y, por tanto, lo natural se opone en primer término a lo artificial, elaborado y creado por el ser humano.. No obstante, el hombre mismo, como criatura biológica sujeto a las leyes naturales, es el resultado de la conjunción de las mismas y está inmerso en la naturaleza.

 

Origen de la filosofía natural.

El hombre primitivo se hallaba a merced de la naturaleza, sometido a ella, pero también se sentía hijo de ella y como tal se relacionaba con su entorno. Se había ligado a su medio por lazos muy profundos, como demuestran los fenómenos del toteismo (*) observados en numerosas culturas.  Al mismo tiempo su instinto de supervivencia y su curiosidad lo impulsaron a investigar el medio que lo rodeaba y a resolver a su modo las cuestiones y la inquietud que el mundo natural, siempre amenazante y enigmático, suscitaba en él. Así surgieron los mitos, las artes y el conocimiento empírico de los hechos y los fenómenos naturales. Ciclos y ritmos de vida y muerte, sucesión de las estaciones, día y noche, constituyeron el marco de referencia y las pautas que guiaban la actividad del hombre primitivo y que hicieron nacer en él el sentido de la medida y la intuición de profundas leyes, a menudo esbozadas en relatos y leyendas de carácter mitológico.

La filosofía oriental, cuyos más elevados exponentes se encuentras en los Vedas de la India (*) y en los principios del budismo y el taoísmo, concibió siempre al hombre como un ser no sólo plenamente integrado en la naturaleza sino coincidente en su más íntima esencia con ella.

En la filosofía occidental destacan los presocráticos griegos, quienes partieron del concepto del physis o naturaleza como ámbito de observación sobre el que interrogarse y especular asumiendo el papel de observador en cierto modo extraños e independientes a aquella. Más tarde el pensamiento judeocristiano acentuaría y recalcaría el papel preponderante del hombre en la naturaleza de acuerdo con el mandato divino expuesto en el Génesis (*)“creced y multiplicaos, extendeos por toda la Tierra y sometedla” La desvirtuación en gran medida del sentido original de dicha doctrina, utilizada más a menudo como justificación de una actitud poco racional y claramente egoísta hacia la naturaleza que como principio rector inteligentemente aplicado y matizado por las enseñanzas evangélicas, constituyó una de las bases del tratamiento que el hombre a menudo ha deparado al medio que lo rodea. Esta tendencia no haría sino incrementarse con el paso de los siglos y con la expansión y desarrollo de las sociedades europeas hasta alcanzar su punto culminante a partir de la revolución industrial.

La naturaleza se consideró a efectos prácticos un ámbito de conquista que había que dominar y remodelar de acuerdo con los imperativos del crecimiento económico y el poder político. La expansión de la agricultura, el aumento de la población, la explotación de nuevos territorios, la necesidad de mayor cantidad de materias primas para alimentar a la naciente industria y la formación de extensos imperios coloniales fueron algunos de los hechos que establecieron a escala mundial un nuevo tipo de relación entre el hombre y la naturaleza.

Leyes naturales y método científico

El dominio de la naturaleza discurrió paralelamente al conocimiento de las leyes naturales. La especulación filosófica y la concepción del mundo de los antiguos griegos cobraron  un vigoroso impulso con el Renacimiento, impulso que  estimuló el afán de saber y de experimentar y que dio confianza de nuevo al hombre en sus propias fuerzas para buscar y descubrir la verdad por sí mismo, más allá de las afirmaciones dogmáticas o sustentadas por una esclerosadas y mal comprendida tradición. De esta forma, basado en la experiencia y la observación  de los fenómenos naturales, surgió el método científico, una de las mayores contribuciones de la cultura occidental al saber humano.

Poco a poco, de la primitiva filosofía natural, que agrupaba a las más variadas ramas del saber, se fueron desgajando una serie de disciplinas a las que la labor investigadora fue dotando de entidad y contenidos propios y que constituirían las diferentes ciencias. A partir de entonces, el conocimiento de la naturaleza se atomizaría y cada ciencia se ocuparía de una determinada parcela de aquel.  De esta forma, lo que se ganaba en detalle se perdía en comprensión global e integradora.

Todo este proceso, conducente por un lado a un mejor entendimiento, si bien fragmentario y falto de una visión globalizadora, de las leyes naturales y por otro a una intervención masiva y en conjunto destructor de la naturaleza, ha producido una agudización de las múltiples contradicciones  que conlleva  tal concepción del medio natural y de las relaciones del hombre con él.

El hombre ha ido sustituyendo progresivamente su medio natural por otro, producto de su trabajo y de su genio, que en ocasiones le ha ocultado aquel y le ha hecho perder el sentido de su verdadero lugar en la naturaleza. Esto ha traido consigo la intervención ciega en los delicados sistemas naturales, donde todo se halla interrelacionado y, como conseciencia, se han producido graves alteraciones en los mismos. De esta forma, la humanidad se enfrenta hoy con problemas que, debido a su carácter global y a su magnitud intrínseca, la afectan en su conjunto y obligan a plantearse de modo radical cuestiones como el crecimiento demográfico, la utilización de los recursos, la actuación sobre los ecosistemas, el impacto de la industria... Ante estos y otros muchos problemas, se han aportado diferentes soluciones que van desde la introducción de tecnologías alternativas de menor impacto ambiental o la adopción de medidas de control de la natalidad en los países donde la superpoblación constituye el más acuciante de los problemas, hasta la valoración de los factores económicos implicados en el desarrollo y el replanteamiento de determinados objetivos y finalidades políticos y económicos

Naturalismo

En el siglo XIX surgió el naturalismo como estilo literario y artístico que buscaba la reproducción abierta de hechos observables, elegidos sin ningún prejuicio moral o estético. El francés Emile Zola, adalid del movimiento naturalista, no se trata sólo de una corriente literaria sino una concepción del hombre y un método para estudiar y transcribir su comportamiento. Según sus ideas, que eran eco de posturas filosóficas y científicas de la época, el hombre no pasa de ser más que un organismo fisiológico cuyo destino está determinado por su herencia biológica y por sus circunstancias sociales, las cuales restringen las opciones para orientar su vida. El individuo, de esta manera, no puede ser libre, aunque crea serlo.

Dada esta concepción determinista del hombre Zola pretendió seguir un método experimental. Extendió fichas de diagnóstico con los que predeterminaba la conducta de sus personajes, del mismo modo en que el doctor pronostica la evolución de una dolencia, y experimentó con ellos, colocándolo en situaciones que explicaban cómo sus actos se hallaban determinados por la herencia y la circunstancia.

Aparte de Zola, otros escritores importantes dentro del naturalismo fueron: Guy de Maupassant, espíritu pesimista y dotado de una gran capacidad descriptiva y narrativa, y Alphonse Dauider, que partía de la observación de la realidad para luego teñirla de cierto sentimiento de humor y ternura. Fuera de Francia el naturalismo apenas consiguió adeptos puros, aunque su influencia se extendió a muchos autores. En Estados Unidos destacaron algunos seguidores como: Sterphen Crane, Frank Norris o Theodore Dreiser. En España fue introducido por Emilia Pardo Bazán, y entre las obras más representativas se contó  se contó  La regenta, de Leopoldo Alas Clarin. En Hispanoamérica destacaron la peruana Clorinda Matto de Turner, el méxicano Federico Gamboa; el chileno Augusto d´Halmar y el argentino Eugenio Cambaceres.

El naturalismo pictórico, influido por el literario, se manifestó en obras de Gustave Courbet, Édouard Manet y otros artistas realistas que evolucionaron hacia el impresionismo.

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Toteismo:  Creencia y culto religioso de los totems, animal o cualquier ser de la naturaleza que se tiene como objeto de veneración, en concepto de protector de la tribu y a veces como antepasado; de él toma la tribu su nombre colectivo y su representación le sirve de emblema.

Vedas de la India. Cada uno de los libros sagrados que constituyen las colecciones de textos litúrgicos védicos (relativos al vedismo) de oraciones, himnos y fórmulas rituales referentes a cultos,  sacrificios , conservación del fuego sagrado y organización del complejo panteón védico configurado por divinidades que personificaban fenómenos de la naturaleza y el cosmos. Dichos textos. Solían ser recitados o cantados durante la celebración de los ritos sagrados. Los comentarios a estas coleciones de himnos védicos forman parte también del cannon sagrado, los cuales reciben diversos nombres según su procedencia y  textos a los que se refieren, y se clasifican en tres grandes grupos: los brahamanas, expliocación de los brahamanes acerca de los rituales; los Aranyakas, o textos de la selva, continuación de los comentarios anteriores con un acentuado sentido místico, y los Upanishads, de carácter más esotéricos, que indagan los misterios de la vida y de la muerte.

La religiosidad contenida en las Vedas fue la semilla de la que creció el hinduismo.

Génesis. Primer libro de Pentateuco, en el que se contiene la narración de la creación del mundo. Los siguientes,  del Antiguo Testamento, tratan sobre Exodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

 

 

 
 

   
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