Tras el nefasto desempeño en materia ambiental del presidente George Bush, la comunidad internacional cifra sus esperanzas en la anunciada disposición del nuevo mandatario estadounidense, Orack Obama, en relación con la exigencia de poner freno a la contaminación atmosférica que está provocando el tan pregonado cambio climático que ya afecta dramáticamente el equilibrio ambiental del planeta.
De acuerdo con las estadísticas que los organismos internacionales que miden la contaminación atmosférica a nivel mundial, y de manera especial la organización Monitoreo del Carbono para la Acción (CARMA), Estados Unidos es responsable del 25% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el más contaminante de los llamados gases de “efecto invernadero” que determinan el calentamiento de la Tierra.
Reafirmando sus promesas expuestas antes de su asunción al poder, sobre la necesidad de enfrentar el cambio climático, uno de los primeros compromisos contraídos por Obama con la sociedad estadounidense y con el resto del mundo ha sido la búsqueda de energías alternas para reducir tanto la dependencia de las fuentes tradicionales de energía como la generación de los gases causantes del calentamiento global, según lo explicó desde el inicio de sus funciones la designada secretaria de Estado, Hillary Clinton, ante los miembros de la comisión de Asuntos Exteriores del Senado.
Tal aseveración fue ratificada por el propio presidente, al dar a conocer los alcances de su política ambiental dirigida hacia cuatro objetivos fundamentales: eliminar progresivamente la dependencia de Estados Unidos del petróleo extranjero; fomentar la producción de energías alternas, principalmente de la gasolina que mueve el gigantesco parque automotor estadounidense; crear nuevos empleos aplicados prioritariamente a la producción de agrocombustibles, como fuente selecionada para el uso de los combustibles alternos; y aliviar la pesada carga económica que representan los altos precios de los combustibles para sus compatriotas. "Por el bien de nuestra seguridad, de nuestra economía y de nuestro planeta, tenemos que tener el coraje de comprometernos a cambiar", expuso Obama en la oportunidad de anunciar su plan ambiental en materia de energía y ambiente. Estos principios han sido repetidos por el mandatario estadounidense en sus variados encuentros con líderes de otras naciones, entre ellos el canadiense.
Hasta ahora su preocupación por la contaminación ambiental se ha centrado especialmente en el consumo de gasolina para alimentar el parque automotor de su país, por lo que aún se esperan pronunciamientos más puntuales en relación con el parque industrial donde se concentra la mayor producción de gases contaminantes, especialmente el dióxido de carbono (CO2), provenientes de la quema de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón utilizados para alimentar los grandes hornos e impulsar la generación de electricidad. Ha sido precisamente ese sector, a cuya disminución de la producción se opuso tercamente el presidente Bush bajo el alegato de la protección al desarrollo económico del país, donde Estados Unidos debe adoptar las más significativas decisiones si realmente está dispuesto a poner freno al envío de más de 2.530 millones de toneladas de CO2 anualmente a la atmósfera. En el ranking de los mayores productores de CO2 elaborado por CARMA, figuran también: China, con 2.430 milllones; Rusia con 600 millones y la India con 529 millones.
En sus distintas intervenciones, enmarcadas en su disposición de dar un vuelco a las políticas económica y ambiental de Estados Unidos, Barack Obama ha hecho saber además, su intención de que Estados Unidos ejerza su liderazgo en el desarrollo y la aplicación de una respuesta mundial y coordinada al cambio climático. Aspira Obama, de acuerdo al contenido de su exposición al país pocos días después de su ascenso al poder, cuando delineó los aspectos fundamentales de sus planes económicos y ambientales, impulsar "una nueva coalición climática" a la que también se sumen China e India, dada su importancia estratégica como naciones que experimentan un importante desarrollo en los campos de la producción de bienes y servicios.
Otra señal considerada de importancia en este sentido, lo constituyó la designación de Todd Stern, para reanudar su papel como representante de Estados Unidos en las negociaciones internacionales sobre cambio climático, incluido el Protocolo de Kyoto, función que le correspondió ejercer anteriormente durante el gobierno de Bill Clinton. Optimista sobre el virtual cambio en la política ambiental de su país, Stern dijo que “nace un nuevo día en la manera en que Estados Unidos abordará el cambio climático y la energía limpia”.
Expectativas en torno a Obama
Pese a los argumentos en contra de la posibilidad de que a corto plazo Estados Unidos pueda dar el vuelco que se espera a favor de la reducción de los gases de efecto invernadero, dadas las dificultades que el poderoso país del Norte deberá enfrentar para desarrollar las fuentes alternas de energía que se propone, entre ellas la masiva producción de etanol que requeriría, se interpretan los anuncios de su gobierno como una posibilidad válida de dar el esperado giro en relación con la política abiertamente antiambientalista que caracterizó al gobierno de Bush, respaldada por el Senado que rehusó ratificar el Protocolo de Kyoto adoptado en diciembre de 1997 por el presidente Bill Clinton. De esa manera Estados Unidos quedó en su oportunidad fuera del compromiso adoptado en Japón por 189 países, y en especial los industrializados, de reducir las emisiones al menos 5,2 por ciento entre 2008 y 2012 respecto de los niveles de 1990. George W. Bush anunció su rechazó al Protocolo en 2001 alegando que sería desastroso para la economía de los Estados Unidos, e incluso trató de poner en duda la propia existencia del cambio climático. Por eso hubo que esperar los dos interminables períodos de Bush para llegar al punto que hoy crea las razonables expectativas.
Los anuncios provenientes de distintos países del mundo, divulgadas por internet y las agencias internacionales de noticias, dan cuenta de las esperanzas creadas por el renovado discurso del gobierno de los Estados Unidos sobre el tema que acapara la atención y preocupa a la humanidad, por las evidentes consecuencias de una alteración climática que ya se expresa, entre otras, en: el aumento de las temperaturas en diversas regiones del planeta, deshielo de los glaciares y aumento del nivel de los mares, así como en la frecuencia e intensidad de fenómenos naturales como los huracanes y las lluvias que están provocando devastadoras inundaciones especialmente en los países más vulnerables debido a sus condiciones económicas .
Uno de los primeros pronunciamientos en relación con las señales provenientes de Estados Unidos sobre la nueva actitud ambiental de su gobierno, provino de los 15 países vecinos que integran el Caricom, cuyo secretario general adjunto del Grupo de Trabajo reunido en Guyana, Edward Green dijo que "Este indicador del cambio de la política de Estados Unidos respecto del cambio climático es un buen augurio para la agenda estratégica del Caribe",
Mas reciente, durante los diálogos que se prolongaron por espacio de 11 días sobre calentamiento global organizados por la ONU en Bonn, Alemania, a fines del pasado mes de marzo, el representante de China en esa reunión, Yu Qingtai, dijo a los periodistas: "Acogemos este positivo cambio de actitud y la propuesta del presidente Obama y su equipo". Esta reunión fue escenario para el debut del Gobierno de Obama en las conversaciones globales sobre el clima, representado por Todd Stern, quien prometió que Estados Unidos disminuirá sus emisiones en un 16 ó 17 por ciento para alcanzar en el 2020 los niveles de 1990.
El Panel Climático de la ONU expresó su aspiración que las naciones desarrolladas disminuyan sus emisiones para el año 2020 entre un 25 y un 40 por ciento, por debajo de los niveles de 1990, para evitar las consecuencias del calentamiento global.
Copenhague la cumbre esperada
Pese a la gran cantidad de cumbres y minicumbres que han tenido lugar en todo el mundo desde 1997 para abordar el tema del cambio climático, generalmente sin los resultados esperados, Copenhague se proyecta como la reunión verdaderamente cumbre por las expectativas creada en torno a ella.
Se espera, en primer lugar, que los representantes de los distintos países del mundo decidan cómo enfrentar definitivamente el problema del calentamiento global una vez que expire el protocolo de Kioto en 2012. Para ese entonces, ya deberán quedado claro tanto el nuevo papel de Estados Unidos en este tema como las estrategias de las naciones más ricas del mundo frente al cambio climático global, tomando en cuenta la crisis financiera que actualmente los afecta. Hasta el momento, están en la mira proyectos de disminución de emisiones formulados por países y regiones como la comunidad europea, que se ha comprometido a una reducción de 20 % en los niveles de 1990 para el 2020 ó de 30% si se llegara a establecer un compromiso global.
Segundo, superar la divergencia originada de la clasificación de ricos y emergentes que actualmente se aplica para fijar las cuotas de emisión de gases invernadero y de acuerdo a la cual, países como China y la India, pese a su alto nivel contaminante, gozan de un régimen de consideraciones preferenciales.
Tercero, imponer la adopción de tecnologías más limpias y más costosas a pesar de la crisis económica que afecta a gran parte del mundo.
Cuarto, encontrar mecanismos de financiamiento más idóneos que los aplicados hasta ahora para los países más pobres y con dificultades para adoptar tecnologías que eviten la contaminación y los ayuden a adaptar sus infraestructuras a los desastres naturales. La propuesta de que Fondo de Adaptación de la ONU, el paquete para ayudar a los países en desarrollo dirigido a la protección contra la pobreza y el impacto potencial del cambio climático, sea manejado por el Banco Mundial, tiene el rechazo de estos países cuyos representantes aspiran que sea una institución independiente del organismo y más receptivo a las necesidades de los países más vulnerables.
Por otra parte, entre las expectativas en relación a la cumbre de Copenhague, figura la del liderazgo ambiental mundial. Hasta ahora, con la ausencia de Estados Unidos, y la activa gestión de la Comunidad Europea en la lucha contra el cambio climático, este continente destaca como la región del mundo donde mayores esfuerzos se realizan para frenar el calentamiento global. Sin embargo, personajes de la talla de Al Gore quien viene impulsando programas dirigidos a la concienciación sobre la problemática del cambio climático en el mundo, ha vaticinado que con Obama al frente, Estados Unidos puede pasar a ejercer el liderazgo mundial en cuanto al desarrollo de energías renovables con la posibilidad de crear empleos que contribuyan a contrarrestar la recesión que hoy afecta a gran parte del mundo. Es decir, las expectativas actuales sobre el futuro del clima global siguen y seguirán centrándose en el papel que en esta materia deberá jugar Estados Unidos, ahora bajo el liderazgo de Obama, cuyo manejo de la situación podrá contribuir a resolver además de convencer a los países emergentes sobre la necesidad un mayor esfuerzos para frenar el calentamiento planetario.
Gilberto Carreño / Círculo Ambiental
(Caracas, 31-3-2009)
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