Venezuela a espalda de tecnologías de desechos

Pese a constituir el principal problema ambiental de Venezuela, y aun cuando se cuenta  con  un instrumento legal para enfrentarlo, la producción de basura mantiene su acelerado ritmo ascendente, sin soluciones de reducción y disposición final acordes con las necesidades ambientales del país.

La creciente producción de basura que aqueja actualmente a la mayor parte del mundo, con nauseabundas cifras que sobrepasan las 10 mil millones de toneladas al año, tiene su expresión en Venezuela con más de 20 mil toneladas tiradas diariamente en los vertederos a cielo abierto y rellenos sanitarios del país.

Los esporádicos esfuerzos, como la promulgación de la Ley de Residuos y Desechos Sólidos, sancionada por la Asamblea Legislativa en noviembre de 2004 y algunas iniciativas bien intencionadas como la construcción de una moderna planta de desgregación de desechos sólidos para el reciclaje, en la población mirandina de Panaquire, así como la constitución en Maracay de una empresa recicladora de aceites, forman parte de los muchos pero aislados intentos de abordar un problema cuya solución se aplaza, especialmente por la falta de visión y desinformación y por la aparente falta de decisión y concertación, generalmente por razones políticas, entre las autoridades llamadas asumir tal responsabilidad.

Así, podemos referirnos al patético caso del área metropolitana de Caracas, que mientras se ahoga en basura con una producción mensual de más de 120.000 toneladas y sufre la amenaza del agotamiento de su principal relleno sanitario a la vuelta de unos 15 años, las autoridades ambientales y municipales siguen actuando en forma dispersa y sin encarar lo que, a nuestro juicio, deben ser los enfoques fundamentales de la situación. En primer lugar, la reducción de la producción de la basura, y, segundo, la aplicación de tecnologías adecuadas para la eliminación de desechos. La diatriba política constituye el principal impedimento para el buen funcionamiento de los servicios de recolección y disposición transitoria y final de la basura.

En distintas reuniones publicas en Caracas, hemos tenido la oportunidad de escuchar de las autoridades del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marn), su repetida preocupación por el problema de la basura y su manejo, así como de su deseo de una toma de conciencia colectiva para atacarlo; pero, en la práctica todo se queda en la “preocupación”, mientras la población exige acción.

Las señales que hasta ahora recibimos de las autoridades ambientales del país, nacionales y regionales, nos permiten concluir que no escuchan o no asimilan el pregón de instituciones no gubernamentales prestigiosas y de base comprobadamente científicas, entre ellas Vitalis, las cuales alertan sobre la magnitud del problema y proponen algunos mecanismos para enfrentarlo; que se mantienen  a espaldas de las prácticas de sociedades del mundo imbuidas en el tema y de las soluciones tecnológicas que aplican en la actualidad infinidad de naciones.

Uno de los problemas que se aplazan es el de la habilitación de espacios para la disposición final realmente adecuados a las necesidades ambientales del país, pues pese a que se habla de “rellenos sanitarios”, la realidad es que muy pocos, y hay quienes afirman que sólo uno, el de La Bonanza, responden a las exigencias tecnológicas sobre su construcción y manejo. Se señala además que el déficit de rellenos sanitarios en el país alcanza a alrededor de 150.

Por otra parte, la disposición de residuos y desechos en un mismo lugar, sin importar su nivel de peligrosidad, acarrea consecuencias de mucha gravedad. Es decir, desechos provenientes de la industria química; objetos como las baterías y similares, de alto potencial contaminante; desechos provenientes de hospitales y consultorios odontológicos, como las jeringas, agujas, tejidos e incluso materiales radiactivos, van a parar a alrededor de 3.000 botaderos a cielo abierto que existen en el país, donde multitud de personas se abren paso en el basural para extraer aquellos objetos que puedan recuperar para su venta. Pero este es el tipo de recuperación no deseada por las implicaciones sociales y los riesgos que se corren con esta indigna práctica.

Es decir, el peligro del daño a la salud de la población es en este caso directo, al igual que al que con frecuencia se somete a los poblados donde estos basureros existen con los incendios que en ellos se provocan y que expiden una serie de gases tóxicos de gran peligrosidad como las dioxinas y furanos, por la combustión de residuos que contienen cloro, como el plástico PVC o de neumáticos, entre otros, que provocan enfermedades en la piel como el cloracné.

Muy fácil resulta, además, detectar en estos lugares, la presencia en las personas de sarna, enfermedades respiratorias, todos los tipos de hepatitis y enfermedades gástricas, que pueden ser transmitidas por roedores, insectos y por las mismas personas. El daño ambiental que causan estos botaderos de basura, va más allá de la contaminación atmosférica, pues la percolación de lixiviados a través de los suelos contamina las aguas subterráneas, de la cual dependen o deberán depender muchas comunidades que las requieren para su consumo.

Estudios realizados por la Oficina Panamericana de la Salud, junto con el Ministerio del Ambiente, entre otras instituciones  advierten sobre la existencia de comunidades ubicadas físicamente muy cerca de los vertederos y que viven de lo que pueden rescatar de los montones de basura. Son los llamados segregadores, hombre, mujeres y niños, que constituyen la población de más alto riesgo.
ambién hay segregadores que ni siquiera esperan que los desechos lleguen al vertedero y van hurgando de bolsa en bolsa y de depósito en depósito antes de que pase, buscando material recuperable y hasta comida. En su búsqueda rompen las bolsas y crean un riesgo a la salud de ellos mismos y de la comunidad.

La reducción de basura

Es necesario partir del concepto de que la basura no existe, sino que es producto de nuestra incapacidad como seres o grupos  humanos para reutilizar aquellos bienes, o sus residuos, que dejan de servirnos. Esta sería la base, para comenzar a una reducción consciente de la basura.

En este sentido, podemos acoger como válida la tan pregonada fórmula de las Tres R: Reducción, Recuperación y Reciclaje.

La primera, Reducción, la cual se lograría al adquirir la menor cantidad de objetos desechables, está prácticamente descartada en países como Venezuela, pues está relacionada con un vicio de las sociedades capitalistas, con una marcada tendencia hacia el consumismo, donde el llamado esnobismo impulsa la compra  masiva de todo lo que sale al mercado.  Según el "Informe sobre el estado del mundo en 2004", publicado por el prestigioso Instituto Worldwatch, harían falta tres planetas como la Tierra para satisfacer la sed consumista si el modelo occidental fuera asumido por todos los habitantes del planeta. "El mundo consume productos y servicios a un ritmo insostenible, con resultados graves para el bienestar de los pueblos y el planeta", dice el Instituto Worldwatch (WI).

La Reutilización, prolongar la vida útil de cualquier objeto mediante la reparación, es una práctica  adoptada hoy día por algunas personas que, ante las dificultades para hacer rendir sus presupuestos, están optando, por ejemplo, por un mantenimiento más eficiente de sus vehículos, la reparación del calzado y de sus ropas, entre otras.

El reciclaje, consistente en la recuperación de materiales para la fabricación de nuevos objetos de la misma naturaleza. Constituye ésta la opción de mayor aceptación en la mayoría de países del mundo, incluida Venezuela aunque no en el volumen  y diversidad que es posible.

De todas partes del mundo nos llegan noticias sobre las bondades del reciclaje, como elemento reductor de la producción de basura y su conversión a materia prima para muchos nuevos productos. De España, por ejemplo, nos cuentan las maravillas de la transformación del neumático en hidrocarburos (40%) que utilizan  para el asfaltado de carreteras; negro humo (51%), como reforzante de los cauchos y para la fabricación de pinturas, entre otras aplicaciones;  así como el gas de proceso, para la generación de energía. Se trata en este caso de un nuevo sistema de reciclaje de neumáticos usados, mediante la tecnología de termólisis, que sustituye a la pirolisis, que se empleó anteriormente con la misma finalidad, y la cual es mundialmente cuestionada por sus efectos contaminantes.  Y de Venezuela, conocemos la iniciativa puesta en práctica desde fecha reciente en el estado Aragua para el aprovechamiento de la base lubricante de los aceites usados de automóviles para su transformación en nuevos lubricantes, lo que evitaría que una gran cantidad de estos residuos vayan a  nuestros cuerpos aguas que tienen como destino final los ríos y mares del país.  Dicho proyecto fue financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, conjuntamente con la Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología de Aragua FUNDACITE.

¿Por dónde empezar?

Una política de Estado, tal como la concebimos, debería enfocarse en esta materia  fundamentalmente, y como punto de partida hacia la implantación de un amplio sistema nacional de reducción de desechos sólidos,  al trabajo directo con los municipios dirigido a la implantación de programas primarios que abarque los siguientes aspectos:

  • Clasificación de los residuos que parta de los propios hogares y de los distintos tipos de agrupación de viviendas (edificios, urbanizaciones...)
  • Creación de mecanismos de recolección de los residuos provenientes de las comunidades.
  • Habilitación de espacios especiales, en las propias comunidades, para la acumulación y manejo de residuos orgánicos aprovechables para la producción de abonos para plantas. Es decir, promover el compostero comunal.
  • Establecimiento de centros de clasificación y acopio de los residuos aprovechables, tales como envases de vidrio, aluminio y  plástico; así como de papel y cartón; objetos diversos como neveras, televisores, computadoras, baterías, entre otros.
  • Establecimiento de centros para la recepción y clasificación de residuos provenientes de la remodelación y construcción (escombros), para la recuperación y reutilización de la mayoría de los materiales (metales, maderas, plásticos, cementos etc)
  • Establecer mecanismos de comercialización que permitan sacar mayor provecho económico a los materiales recuperados, incluyendo los estímulos a pequeños artesanos que se especialicen y monten talleres destinados a la reparación de los objetos reutilizables. Asimismo, se considera factible la centralización de los abonos provenientes de los composteros, para su envase y venta a los potenciales usuarios, entre ellos a los viveros.

¿Por qué no reciclamos?

A pesar de ser el reciclaje una solución ambiental ampliamente aceptada por nuestros ideólogos y autoridades en la materia, que la aceptan como una manera de reducir la cantidad de desperdicios que van a los basureros, no termina de ser aceptado formalmente, entre otras razones por las siguientes:

  1. Contrariamente a lo que ocurre en otros países donde se adopta el reciclaje de una manera formal,  en Venezuela no se obliga a las empresas generadoras de productos a retomar los residuos de éstas. La Ley de Residuos y Desechos... de 2004 no lo contempló y pese a que desde entonces se le ha planteado al legislador corregir esta falla de la ley, no ha habido decisiones. Mientras, se puede observar como, por ejemplo y de manera amplia, los envases de bebidas y alimentos  copan los vertederos y rellenos sanitarios. Cabe observar, no obstante, iniciativas de empresas privadas como Nokia de Venezuela y Motorola que desarrollan sus propios programas de reciclaje, invitando a los consumidores de sus productos a retornarlos cuando queden fuera de uso.
  2. Las instituciones gubernamentales, en sus distintos niveles, llamadas a promover, orientar y ejecutar planes de reciclaje en los distintos ámbitos posibles de incluir en programas de este tipo, no muestran ninguna intención sobre el particular. De esta manera, se frustran las intenciones de comunidades pequeñas que, atraídas por la propaganda que se hacen del reciclaje, se embarcan en programas que muy pronto deben abandonar pues requieren de una logística que abarca: un sistema de recepción, recolección, acopio, clasificación, comercialización, despacho y traslado.  
  3. Frente al monopolio reinante en las principales áreas del reciclaje en Venezuela, constituidas por Owens Illinois, envases de vidrio; Ecoplast, envases de plástico; Smurfitt Cartón de Venezuela, papel y cartón, no existen mecanismos a manos de los proveedores de estos materiales, para exigir  precios  justos.
  4. Tampoco, pese a las grandes ganancias que le genera la adquisición de los materiales para reciclar, la empresas del ramo no ofrecen a sus proveedores el apoyo requerido para las mencionadas tareas de recepción, recolección, acopio, clasificación, comercialización, despacho y traslado. En este último renglón, cuando se ofrece el traslado de los materiales desde el centro de acopio del proveedor al de la empresa, se rebaja del precio a pagar por los mismos.

Un caso emblemático de lo señalado, ocurre en el Municipio El Hatillo, del Estado Miranda. Por iniciativa del entonces alcalde, Alfredo Catalán, fue creado en el año 2001 el Instituto Autónomo de Gestión Ambiental (IAGA), destinado a crear una cultura ambiental en el municipio a través de las distintas tareas (saneamiento, guardería, atención de servicios básicos como la distribución de agua potable y educación ambiental). Dentro del tema de la educación ambiental, se dio inicio en el 2003 a un programa de reciclaje. Desde ese momento, el IAGA emprendió la colocación de recipientes en 70 puntos del municipio, contrató personal para las labores de recolección, acopio, clasificación y despacho; destinó un vehículo de carga (pick up) para la recolección y un camión de gran tonelaje (tipo toronto) para el despacho de los materiales. Aunque se les ha solicitado y las empresas lo han prometido, no facilitan dispositivos para la recolección ni para la reducción de los materiales en los sitios de acopio.

Sin embargo a lo largo de todos estos años, las empresas que adquieren estos materiales se han mantenido con precios  muy bajos y casi invariables. Como ejemplo de tal situación, puede señalarse que actualmente, la empresa Owens Illinois paga sólo 70 bolívares (F) por una tonelada de envases de vidrio, previamente clasificada por color y colocada en la población de Charalleve, en las afueras de la ciudad, por lo que el cobro por una carga de 6 toneladas apenas reporta la cantidad de 420 (Bs.F).  Es decir, que lo cobrado no alcanzarçia ni siquiera para el pago del flete.

De hecho, el reciclaje en el municipio El Hatillo es una actividad a pérdida, en términos contables, pues de alrededor de cuarenta mil bolívares (F) que invierte el Instituto en el  programa, apenas logra recuperar la cantidad de 10 mil (Bs.F).  Hasta ahora el criterio del municipio ha sido el de considerarla como una inversión en conciencia ambiental, pero lo que no parece justo es que mientras las empresas recicladoras obtienen fabulosas ganancias a partir de los materiales recibidos, las instituciones y comunidades que participen en las duras tareas de recolección, acopio, clasificación y traslado de los materiales, se ven obligadas a realizar desembolsos tan altos a cambio de muy poco. Cabría preguntarnos en este sentido, ¿qué ganancias le reporta a Owens la venta de una tonelada de sus envases de vidrios?

Debemos, en este sentido, advertir que además de la necesidad de que sea corregida la falla con la cual nació la vigente Ley de Residuos y Desechos Sólidos, en relación con la responsabilidad que corresponde a quienes producen envases y otros objetos que conforman el inmenso e indetenible pilón de basura,  se requiere  también la intervención de las autoridades para que de alguna forma regulen el aspecto de la comercialización de los materiales reciclables a fin de estimular esta actividad y de paso poner orden en esta situación tan irregular.

Nada más allá de los vertederos

Más allá de los basureros a cielo abierto, centros de transferencia y rellenos sanitarios que a la larga no son más que vertederos, constituyen éstas  las únicas ofertas disponibles para una nación que, como la venezolana, se da el lujo de entrar por la puerta grande de la tecnología mundial (aunque desarrollada por los chinos para Venezuela) al colocar un satélite en el espacio.  

De las autoridades nacionales y locales (gobernaciones y alcaldías) sólo escuchamos hablar de estas modalidades de disposición final de desechos que están quedando obsoletas. No termina de entenderse que aun con los métodos más avanzados de disposición final mediante el uso de rellenos, estos lugares siguen y seguirán constituyendo el más aberrante escenario donde seres humanos disputan a las aves carroñeras sus alimentos; donde la polución se esparce por kilómetros impregnando a la atmósfera de un insoportable hedor que agrede y ofende a los pobladores de las áreas circunvecinas y  se contaminan  las aguas subterráneas.  

Las noticias que provienen de distintos lugares del mundo nos advierten que es posible, en primer lugar, reducir considerablemente la cantidad de desechos que van a los vertederos mediante la implantación y desarrollo de eficientes sistemas de recolección de residuos aprovechables que comiencen a partir de los propios hogares y de los recipientes instalados en lugares públicos; que el resto de los desperdicios no recolectados vayan a centros de clasificación de residuos y desechos sólidos, para una última selección de los materiales reciclables y  lo que podría convertirse en una mínima proporción de desechos, sea sometido a procesos de reducción mediante métodos que garanticen el más absoluto control sobre los gases que del mismo se desprenden.

Se tiene en este sentido la ventaja, de que estas plantas reductoras pueden ser instaladas en parte de los espacios donde hoy existen los lugares destinados a la transferencia o disposición final de la basura Las tecnologías están a disposición de la humanidad en países de mayor desarrollo industrial e, incluso, existen proyectos que vienen con su propuesta de financiamiento a través de los Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) a disposición de los países que deseen acogerlos. Sólo se trata de abrir un poco los ojos y buscarlos. En el mercado ambientalista español, entre otros, hay buenas pistas para seguir.  

Es preciso insistir finalmente sobre la necesidad que las autoridades ambientales asuman junto con las alcaldías de todo el país, indistintamente de su color político, la tarea de aplicar las tecnologías y procedimientos más sencillos puestos en práctica por los países que hoy logran importantes éxitos en la tarea de reducir cada día más la cantidad de residuos que van como vulgar basura a los vertederos, llámense como se llamen: basureros o rellenos, que al fin y al cabo, podemos asegurar, son sinónimos tal y cómo funcionan en Venezuela actualmente.

Gilberto Carreño
gilcar@circuloambiental.net

 

 
 

   
Calentamiento Global