Aguas subterráneas

Caracas, 12.10.201 / Saúl Godoy Gómez
Hay una gran ignorancia en nuestro país sobre nuestras aguas subterráneas, los estudios que se han hecho han sido, en su gran mayoría, subproductos de los estudios petroleros en las áreas de influencia y que permanecen en los archivos de geología de PDVSA acumulando polvo, sin ser compendiados y sistematizados en estudios de gran visión.

He tenido acceso a algunas tesis de grado y estudios aislados de las aguas subterráneas en la Cuenca del Unare, en la Mesa de Guanipa, en la Cuenca del Lago de Valencia, pero por sobre todo en el Valle de Caracas, casi todos ellos muy limitados, y en áreas de hidrogeoquímica, modelos de flujo y dispersión y algunos sobre aguas termales.

Este vacío en información e investigación sobre uno de nuestros reservorios de agua potable más importantes de nuestro país, es una de las razones fundamentales para que exista, casi sin ninguna regulación y monitoreo por parte del Estado, una fuerte contaminación de nuestras aguas subterráneas, principalmente por los grandes centros urbanos y por la actividad de explotación y refinación de nuestra industria petrolera.

Las aguas subterráneas dependen en buena medida del flujo y la cantidad de las aguas de superficie, en los países desarrollados son consideradas reservas estratégicas, para ser usadas principalmente cuando por razones de clima, la sequía afecta a las aguas de superficie; con una buena comprensión de las aguas subterráneas estas ,se pueden “cosechar”, es decir, se pueden usar racionalmente y esperar por la reposición de sus caudales en épocas de lluvia.

Los reservorios de aguas subterráneas que se sobre explotan, afectan los lentos movimientos de estos cuerpos, pudiendo no solo hacer que la dirección de la vena de agua cambie de dirección, sino hasta secarla, lo cual mucha veces es irrecuperable

Me consta y lo he vivido en carne propia, las invasiones promovidas por el gobierno chavista a las cuencas y subcuencas de las áreas protegidas en el área Metropolitana de Caracas, con su secuela de deforestaciones y el desarrollo de una agricultura de subsistencia en tierras no aptas para la agricultura, igualmente piensen, luego de leer este artículo en los daños que se le hacen a los acuíferos de Monagas y Anzoategui con la explotación sin control de la Faja del Orinoco, está acabando con nuestros reservorios de aguas subterráneas, y demuestra, que la ausencia de información en la opinión pública, y la falta de interés en el gobierno sobre el tema, está produciendo una serie de políticas públicas, fatales para la integridad de tan importante recurso natural. Permítanme sugerir que con lo que le cuesta al país un avión caza ruso se podría financiar un estudio completo de las aguas subterráneas en Venezuela, especializar algunas escuelas de geología en nuestras universidades y preparar técnicos, equiparlos y abrir unos cuantos centros de investigación en áreas claves.

Como no tengo a mano estudios completos que me sirvan para ilustrar localmente como funcionan estos acuíferos y como la contaminación los afecta, hago uso de uno de los casos más notorio en Norteamérica, esto, con el fin de ir creando consciencia sobre la importancia de los mismos.

Uno de los casos más documentados de contaminación de aguas subterráneas fue en caso en Atlantic City en Nueva Jersey en los E.E.U.U. en 1982, el cual nos servirá para entender la dinámica tan compleja de las aguas subterráneas.

Dicha ciudad tenía un vertedero de basura privado a nombre de un Charles Price quien en 1971 empezó a aceptar descargas de desechos químicos, algunos clientes simplemente enterraban pipotes sellados de tóxicos o simplemente los camiones vertían los líquidos directamente en el suelo, principalmente disolventes de pintura, compuestos de bencina, arsénico y otros elementos.

Se calcula que cerca de 15 millones de litros de químicos fueron vaciados en el vertedero de Price durante el año y medio que estuvo abierto antes que las autoridades lo clausurasen.

Atlantic City depende de pozos que extraen agua de acuíferos subterráneos para subsanar el 50% de sus necesidades de agua potable.

El vertedero estaba situado a 8 Kms. , de la ciudad justamente cerca de un cúmulo de pozos de la ciudad en actividad. Mezclado o disueltos por las lluvias estos químicos empezaron un lento viaje por las profundidades de la tierra. Los estudios posteriores demostraron que la pluma de contaminación pasó sin problemas por una formación de arena que estaba bajo el vertedero y llegó al acuífero Conhansey a solo dos kilómetros del pozo 13 de Atlantic City. Los contaminantes se movían en las quietas aguas subterráneas a una velocidad de dos metros al día, 730 mts., al año.

En 1981 empezaron los problemas, en el caserío de Egg Harbor, el agua de pronto adquirió un olor espantoso, las ollas se ennegrecían, la ropa se coloraba de amarillo y hasta hubo ocasiones en que el agua efervecía como si fuera soda.

Las autoridades de salud inmediatamente prohibieron el uso del agua, no servía ni para regar el jardín, algunos vecinos cayeron presa de desordenes nerviosos, problemas con los riñones y el hígado y varios casos de cáncer, todos atribuidos a la contaminación química.

El caserío fue conectado por tuberías a otros ramales del sistema de acueductos, siete de los pozos de la ciudad fueron clausurados al descubrir pequeñas trazas de contaminación, los otros pozos fueron sometidos a procesos de tratamiento suplementarios.

Los investigadores inmediatamente se pusieron a la difícil tarea de seguir la pluma de contaminación, había un problema, la ciudad era turística y en el verano el consumo de agua potable aumentaba de 11 millones de galones al día a 18, lo que hacía que las bombas de los acuíferos succionaran agua más rápido haciendo que la pluma aumentase de velocidad.

Afortunadamente entre el acuífero Conhansey y el de Kirkwood había una barrera de más de trecientos metros de arcilla, la cual hacía que el paso de los contaminantes fuese aún más lento.

Se perforaron una serie de pozos, se extrajeron muestras del agua, se hizo un modelo computarizado de la ruta de la pluma contaminante, 6.5 millones de dólares después, se recomendó instalar un complejo sistema de filtros de carbón activado para remover las moléculas de contaminantes del agua y un costosísimo programa para bombear el agua contaminada fuera del acuífero.

Al vertedero tuvieron que, prácticamente envolverlo en un plástico especial para que con la lluvia dejara de contaminar. Purificar el agua en Atlantic City tiene un costo de U.S.$ 100.000 a la semana y aún así nadie garantiza la pureza absoluta del agua. Charles Price fue demandado así como 35 compañías químicas y de transporte de desechos culpables del desastre.

A raíz de este y otros problemas similares, el congreso norteamericano aprobó un impuesto especial para las compañías químicas, para crear un fondo de emergencia de $1.6 billones de dólares para limpiar vertederos de basura a nivel nacional.

En Venezuela la historia es un poco diferente; nadie sabe lo que está sucediendo en realidad con nuestras aguas subterráneas, pero podemos entre ver que no es nada bueno.- percival367@yahoo.com

 

 

 

 

   
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