Como cada 31 de mayo, las autoridades ambientales del país, especialmente el Minamb e Inparques, junto a organizaciones no gubernamentales como Sadarbol, entre otras, celebraron el Día del Árbol con la siembra de una inmensa cantidad de plantitas. Paralelamente en innumerables puntos del país, el fuego hacía de las suyas, arrasando con miles de hectáreas de vegetación, en lo que se presenta como una muy temible temporada seca.
Es decir, los venezolanos dedicamos un día para la propagación de la masa vegetal, mientras el fuego y los llamados urbanizadores, utilizan todo el resto del año para arrasar con un número mucho mayor de lo que se alcanza a sembrar o a plantar. Claro, se trata de un problema que no es exclusivo de Venezuela sino incluso de países del primer mundo que no han logrado adoptar sistemas de prevención de incendios para sus grandes áreas forestales.
De acuerdo con la información divulgada por el Ministerio del Ambiente, el pasado domingo 31 de mayo fueron plantadas bajo la orientación de las autoridades ambientales unas 152 mil unidades, correspondientes a 61 especies de árboles, en una superpie aproximada de 256 hectáreas en todo el país. Entre los organismos participantes, además del Ministerio del Ambiente se citan: el Consejo Nacional de Reforestación (Conare); Instituto Nacional de Parques (Inparques); la Hidrológica de Venezuela (Hidroven); así como gobernaciones de estados alcaldías, escuelas nacionales y estatales y universidades oficiales; personal de Protección Civil y Administración de Desastres; de la Electricidad de Caracas; de la Operadora de acueductos del Distrito Capital, y estados Vargas y Miranda (Hidrocapital); consejos comunales, misiones socialistas, comités conservacionistas; cooperativas y organismos e instituciones privadas. Es decir, un gentío.
Entre las especies utilizadas en este operativo especial por parte de las autoridades ambientales del país, y que forma parte de lo que han denominado la Misión Socialista Árbol, destacan algunas que se encuentran en un proceso paulatino de desaparición tales como: caoba, cedro, pardillo negro, mijao, tamarindo acapro, samán, saqui saqui, jobo, drago, apamate, jabillo, guamo, araguaney, carapo y pisno laso.
El Parque Nacional El Ávila o Wuarairarepano, figuró entre los espacio que recibieron más visitantes ese día, por parte de los grupos oficialistas ambientales así como de las distintas ONG que una vez más se aplicaron en este tipo de actividad. Entre ellas la Sociedad Amigos del Árbol (Sadarbol), la Asociación de Reciclaje y Producción Limpia (Arpli), quienes plantaron una ceiba de 4 años y metros de alto, así como un cedro de 3 años y 2,5 metros de alto, en la plazoleta ubicada frente a la iglesia de la Coromoto, en la urbanización Las Fuentes de El Paraiso, en el sureste caraqueño.
La otra cara de la moneda
Durante las últimas semanas los medios de comunicación social han reportado incendios forestales en distintos puntos del país y de manera especial en lugares de frecuente ocurrencia en temporadas secas, período que abarca aproximadamente 5 meses del año de enero a principios de junio, y donde resultan afectadas generalmente espacios que deben gozar de protección especial, por su condición de Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE)
Precisamente el domingo cuando muchos se dedicaban a sembrar, pudimos leer en El Universal un informe de Andreina Gómez en el reportaba que 389 hectáreas de vegetación habían sido devoradas por el fuego hasta el 30 de mayo en los Altos Mirandinos. En la misma se informaba igulmente que funcionarios de Defensa Civil habían detectado y contribuido a combatir hasta esa fecha, un total de 32 incendios de vegetación en distintos puntos de Miranda, especialmente en el municipio Guaicaipuro.
En reportes procedentes de Caracas y de otros puntos del país, nos hemos enterado que los incendios este año se han hecho presente en los parques nacionales: Warairarepano; Henrri Pittier, en Aragua; y Mochima, en Sucre.
Realmente resulta muy difícil cuantificar los daños. Calcular extensiones y recursos naturales afectados es una tarea casi imposible, especialmente porque se trata de recursos invalorables. Lo que sí se puede precisar es que: primero, el cuento de la combustión espontánea es algo que descartan los expertos en incendios forestales. Creemos como ellos, que todos son originados por el hombre, con o sin intención; y que de acuerdo la reciente denuncia de un grupo de 22 científicos de Estados Unidos, Australia, Brasil, Sudáfrica, Reino Unido y Holanda ante el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), los incendios forestales liberan a la atmósfera el equivalente al 50% del dióxido de carbono causado por la quema de combustibles fósiles, y constituyen una quinta parte del del efecto invernadero de origen antropogénico, con tendencia a aumentar.
A esta situación se suman los efectos de la tala indiscriminada de árboles y la reducción de los bosques en todo el mundo, especialmente por las exigencias de madera y para dar paso a los desarrollos urbanísticos destinados a satisfacer la demanda de viviendas de la creciente población mundial, precisamente en momentos cuando la Tierra reclama mayor producción de oxígeno Para contrarrestar los efectos de los gases de invernaderos que determina su calentamiento.
Como puede apreciarse, se trata de una situación que requiere la adopción de medidas enérgicas y urgentes que por lo menos compensen el daño que se está causando a la atmósfera de la Tierra con la excusa de un desarrollo que reduce cada vez más las posibilidades de vida en el planeta. Es decir, debemos sembrar más árboles de lo que consumen el fuego y los llamados desarrollistas. Debemos pensar que por mucho que sembremos en Venezuela y en el resto del mundo, muy cuesta arriba resulta compensar las pérdidas de vegetación que ocurren con regular periodicidad en lugares como el estado de California en Estados Unidos, o como los que azotaron a Australia este mismo año. Pensamos, finalmente que programas como la Misión Árbol que desarrolla el Ministerio del Ambiente, debería penetrar aun con mayor fuerza en todo el territorio nacional.
Gilberto Carreño/Círculo Ambiental
e-mail: gilcar@circuloambiental.net