Estamos condenados a seguir viendo la basura arder

Gilberto Carreño / Círculo Ambiental
El reciente incendio en el relleno sanitario de La Bonanza es un hecho que no debe sorprender a nadie y que igualmente ocurre con regularidad en los distintos vertederos a cielo abierto que encontramos a todo lo largo y ancho del país, con las nefastas consecuencias para la salud de los conglomerados humanos asentados en las cercanías de estos lugares de disposición final de la basura. Sin embargo, se trata de una situación de la que estamos amenazados todos los venezolanos del país, pues no existe conciencia a nivel de las autoridades ambientales del país y, peor aún, de quienes legislan sobre esta materia.

No hay manera, en primer lugar, de que quienes tienen en sus manos la toma de decisiones en relación con el manejo de los desechos sólidos en el país, entiendan que lo que consideran una solución para la disposición final de los desechos sólidos, como son los rellenos sanitarios, es una alternativa que quedó atrás desde hace mucho tiempo. Las nuevas tecnologías aplicadas en países desarrollados, están demostrando que es posible reducir los desechos al mínimo e incluso reaprovecharlos como materias primas, entre otras en la industria de la construcción y en la generación de energía eléctrica, con un exiguo margen de contaminación atmosférica.

Por otra parte, la otra solución, de muy fácil aplicación, como es la recuperación de la mayor parte de los residuos que nuestras sociedades convierten en basura por falta de políticas gubernamentales y de una adecuada legislación ambiental, sigue siendo subestimada.

Personalmente consideramos que la falla principal radica en la falta de coordinación entre los poderes nacional y municipal, que no se han atrevido a llevar el reciclaje a las los conglomerados vecinales como una forma de gestión ambiental comunitaria que les reportaría a los vecinos el triple beneficio de: ahorro de recursos naturales, reducción de los volúmenes de basura que deben ser llevados a los vertederos y la posibilidad de ingresos por la venta de los materiales reciclables (envases de plástico, vidrio y aluminio; papel y cartón; además de residuos orgánicos reutilizables en composteros comunales y/o individuales; aceites, neumáticos, entre otros). Podríamos mencionar como cuarto beneficio la posibilidad de crear puestos de trabajo para quienes se ocupen de operar el sistema de reciclaje.

Ésta, puede decirse que constituye una cantaleta de las organizaciones ambientalistas no oficiales del país y del todo el mundo, que señalan la necesidad de reducir el volumen de residuos que son llevados a los vertederos, entre los que figuran, materiales que al entrar en combustión generar gases altamente nocivos para la salud.

El profesor Hernán Papaterra, secretario general de la Asociación de Reciclaje y Producción Limpia (Arcicla), y quien realiza desde hace mucho tiempo una campaña dirigida a crear conciencia sobre la amenaza del inadecuado manejo de los desechos y sobre las bondades del reciclaje, nos ha hecho llegar algunas reflexiones sobre por qué la quema de basura debe ser un motivo de preocupación.

Al respecto, expone Papaterra: “La quema de basura en un espacio abierto, en patios interiores o en un contenedor de metal abierto llamado barril de desperdicios produce muchas sustancias químicas tóxicas que son dañinas para la salud humana y el medio ambiente. Entre esas sustancias químicas están monóxido de carbono, dioxinas, plomo, mercurio, material en partículas, hidrocarburos aromáticos policíclicos, anhídrido sulfuroso, compuestos orgánicos volátiles y ceniza. En los lugares donde se quema basura podría haber muchas sustancias químicas tóxicas y materiales combustibles peligrosos.

La ceniza de la quema de basura puede ser peligrosa para la salud humana. Puede contener sustancias químicas y metales pesados como arsénico, cadmio, cromo, cobre, dioxinas, furanos, plomo, mercurio y bifenilos policlorados. Estas sustancias químicas pueden filtrarse de la ceniza a las fuentes de agua subterráneas y de la superficie y a los cultivos alimentarios que crecen en suelos contaminados con ceniza”.

En el aspecto legislativo debemos referirnos al siguiente hecho: es conocido que el problema del manejo de residuos y desechos sólidos es algo que está en el tapete de la discusión de las materias que tienen que ver con el entorno en el cual se desarrollan nuestras comunidades. De hecho, podemos considerar que la desenfrenada producción de basura, como consecuencia del desarrollo del modelo consumista propio del sistema capitalista en el que nos encontramos inmersos, determina que sea éste el primero y principal problema ambiental de Venezuela.

Sin embargo, nuestros anteriores legisladores así como la Asamblea Legislativa actual, han sido incapaces de crear los instrumentos necesarios para orientar el manejo de los residuos y desechos sólidos con criterios realmente modernos. Basta señalar, que la Ley de Manejo de Residuos y Desechos Sólidos, aprobada apenas a fines del año 2004 y la cual ha sido objeto de muchas crisis por su ineficiencia, está a punto de ser derogada por otra ley que, sin considerarnos autoridad en la materia, muestra notables fallas: primero, porque se mantiene la preponderancia de los rellenos sanitarios, ampliamente cuestionados por su ineficacia y desactualización; segundo, porque no hace el debido énfasis en el reciclaje como práctica que involucre a las comunidades en el aspecto de la separación en origen y, tercero, porque en el afán presidencialista de la concentración de funciones en el poder nacional, arrebata con sutiles subterfugios el aspecto del manejo de los residuos sólidos a los concejos municipales.

Es por ello que observamos con mucha preocupación lo que se evidenció recientemente en el relleno sanitario de La Bonanza y, peor aún a lo que debemos prepararnos los venezolanos a sufrir con mayor intensidad en el futuro, de mantenerse los criterios gubernamentales y legislativos que hoy observamos en relación con el manejo de los residuos y desechos sólidos.

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Gilberto Carreño
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