Nada detiene la cruenta cacería de ballenas

Caracas, 5/7/2009
Pese a que cada año aumentan las expectativas sobre la posible adopción de medidas que permitan hacer respetar los acuerdos internacionales con los que se pretende reducir la cruenta cacería de ballenas, practicada por quienes actúan como auténticos asesinos de mamíferos marinos, cada día se alejan más las posibilidades de poner fin a la masacre que vienen practicando nacionales de algunos países, con apoyo gubernamental, generalmente bajo el falso pretexto de la investigación científica.

La más reciente reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) , en Madeira a fines del pasado mes de junio, demostró una vez más el peligro de que los intereses económicos se ubiquen por encima de cualquier interés de la humanidad y, en este caso, de su diversidad biológica.

Como podía vaticinar cualquier ciudadano del mundo con un mínimo conocimiento del planeta donde está parado, pudo más el peso de los influyentes japoneses, junto con sus circunstanciales aliados de Noruega, Rusia, Dinamarca e Islandia, que los argumentos de los románticos países latinoamericanos junto con los australianos, representados en la (CBI).

¿Qué sucedió en Madeira?

Pues sucedió exactamente lo que se vaticinaba. Como es conocido, desde 1986 rige una moratoria de la mencionada Comisión Ballenera, con la que se trató de imponer una regulación en los cupos de cacería del cetáceo, medida a todas luces débil e ineficiente, al permitir, por ejemplo, a Japón con el pretexto de la investigación científica, capturar lo que se supone su cupo de mil (1.000) ejemplares al año. Consideran los grupos ambientalistas que se han mantenido en estado de alerta en el curso de los últimos años en relación con los resultados de las distintas reuniones de la Comisión, que los países representados en la misma han evitado pronunciarse de una manera firme frente a las actuaciones de los japoneses que estarían capturando miles de ballenas por encima del cupo asignado, especialmente en el santuario ballenero antártico.

Igualmente, a otras naciones que alegaron razones tradicionales de subsistencia, como Islandia que logró un aumento de su cuota en más del 250% en relación con el año pasado, se le otorgaron cupos que les permiten, en su conjunto, la caza de más de 2 mil ballenas al año. Por otra parte nadie, excepto los grupos ambientalistas que con sus propios medios se mantienen vigilantes y denuncian ante la CBI las permanentes violaciones a la moratoria, puede decirse que controla de manera eficiente el cumplimiento de la moratoria; a tal punto que, de acuerdo con las denuncias que llegan a la Comisión, más de dos mil ballenas al año son capturadas en distintos países al margen del convenio vigente. A Corea del Sur, en particular, se le atribuye la acumulación de 14 infracciones durante el año 2008. Sus representantes gubernamentales lo han tratado de justificar con el argumento de poseer “una cultura de consumo de carne de ballena”

Para quienes siguen de cerca las reuniones anuales de la CBI, entre ellas Greenpeace y otras ONG defensoras de la biodiversidad, la de Madeira no aportó los resultados esperados, especialmente en lo que se refiere a detener la matanza. Podría decirse que se apartó del objetivo principal y adoptó la vía alterna de poner en la mesa de discusiones el problema del cambio climático como una de las principales amenazas a la supervivencia de las ballenas, haciendo un llamado a los países a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Tampoco fue aprobada la propuesta de países latinoamericanos de crear un nuevo santuario de ballenas en el Atlántico Sur, materia que fue aplazada para la próxima reunión de la CBI prevista a celebrarse en Agadir, Marruecos, en 2010. Grupos ambientalistas que se dieron cita en Madeira, junto a delegados gubernamentales de Australia y Latinoamérica, acusaron a Japón de influir sobre otros países para impedir que el santuario propuesto se sume a los ya existentes en las regiones Indico y Antártica.

Alternativas ecológicas probadas

Roxana Schteinbarg, coordinadora del ICB y observadora acreditada ante la CBI, se refirió a la posición que han venido sosteniendo, sin mayor acogida en las reuniones del organismo, algunos países como Australia según la cual “La existencia de técnicas no letales de investigación hace completamente innecesaria la matanza de ballenas. A través del Programa Ballena Franca Austral, que lleva adelante el ICB y el Ocean Alliance desde hace 40 años, hemos aumentado el conocimiento de la población de ballenas francas australes del Atlántico Sudoccidental utilizando técnicas de investigación benignas. Nuestra base de datos se ha convertido en una herramienta de valor incalculable para comprender la biología de esta especie y las respuestas a los cambios en su hábitat y el ecosistema. Los argumentos de Japón para seguir cazando no son creíbles. La seguridad alimentaria no depende de las ballenas y es injusto que se intente justificar su caza con este argumento"

Asimismo, contra la actividad de países como Islandia y Noruega que practican la cacería de ballenas con fines comerciales declarados, Australia ha venido sosteniendo que las “ballenas valen más vivas que muertas” En este sentido, el ministro de Ambiente de Australia, Peter Garret, expresó la opinión de su país, basado en investigaciones del Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales y su Hábitat (IFAW), en cuyo informe presentado ante la Comisión Ballenera, se asegura que el turismo ballenero genera más riquezas que su cacería. Según dicho informe, en el año 2008 el avistamiento de ballenas atrajo 13 millones de turistas de 119 países y generó ingresos de 1.400 millones de euros para las naciones donde se practica. El avistamiento de ballenas es una actividad que es actualmente practicada por países como Argentina y Chile, que la utilizan en la actualidad como uno de sus mayores atractivos turísticos en la región austral suramericana.

La expectativa continúa

Como cada año, nuevas expectativas se tejen en relación con la próxima reunión en Marruecos, en junio de 2010, de la Comisión Ballenera Internacional, cuyo organismo quedó presidido por el embajador chileno, Cristian Maqueira. Para entonces se podrán conocer los resultados de las tareas encomendadas, por una parte para montar una base de datos on line sobre los registros de colisiones de embarcaciones con cetáceos; y por la otra, en la creación de un grupo de trabajo especifico sobre avistaje de ballenas, promovido por Argentina, Brasil México, Australia y Sudáfrica que asistirá a los miembros de la IWC y a otros países para avanzar en temas relacionados al desarrollo ordenado y responsable de esta actividad.

Se espera igualmente pueda llegarse al convencimiento general de los integrantes de la Comisión para la creación del nuevo santuario de ballenas en la región del Atlántico Sur y, si no fuera mucho pedir, llegar a fórmulas de entendimiento que permitan controlar y reducir de una manera significativa la caza de ballenas.

Gilberto Carreño / Círculo Ambiental
gilcar@circuloambiental.net
circuloambiental@gmail.com

 

 
 

   
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