¿Cómo pueden los países detener el calentamiento global?

Es muy probable que estemos haciendo del futuro un recuerdo lastimoso del pasado. Es lo que se desprende del informe del Panel de Expertos en Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC), dado a conocer en 2007, donde se señala lo siguiente:

En el 2050 la temperatura media global del planeta habrá ascendido hasta un poco más de 2 ºC con respecto al valor medio del período 1980-1999. El calentamiento no será uniforme en todo el globo pues las regiones en altas latitudes se verán mas afectadas; los impactos relevantes serán la pérdida de masa vegetal de los bosques tropicales por la menor humedad del suelo, la conversión de regiones de vegetación semiárida en tierras áridas, pérdida de diversidad biológica con peligro de extinción para hasta el 30% de las especies conocidas, mayor frecuencia de incendios de vegetación, menor rendimiento de los cultivos y pérdidas de cabezas de ganado que afectará a la producción de alimentos, aumento de la fuerza de huracanes y tormentas con su secuela de personas fallecidas, lesionados, enfermedades, pérdida de bienes, migraciones y estrés post-traumático, y la proliferación de vectores transmisores del dengue, la malaria y el cólera, que hará que estas enfermedades infecciosas se extiendan geográficamente.

Todo ello ocurrirá en un escenario de desarrollo económico aun fragmentado y concentrado en los países desarrollados y las economías emergentes, que habrán alcanzado y quizás sobrepasado el poderío económico de los países desarrollados tradicionales pero a un enorme costo ambiental. El mundo estará habitado por 9.000 millones de personas, de las cuales solo un tercio tendrá acceso a servicios adecuados de agua, alimentación y salud. Cabe esperar que existan unas 20 megaciudades que albergarán más de 40 millones de personas. Habrá hacinamiento y contaminación en numerosos espacios urbanos, las personas con mayores recursos vivirán en enclaves fuertemente protegidos, que serán parches de prosperidad dentro de amplios espacios de pobreza urbana. El índice de refugiados ambientales irá en aumento. Tales condiciones darán lugar a conflictos y enfrentamientos locales e internacionales por el acceso al agua y a los alimentos. No se trata de un Apocalipsis, porque las consecuencias no afectarán simultáneamente a todas las regiones del planeta, ni tampoco los impactos se van a producir de inmediato sino progresivamente, habrá posibilidades de adaptación pero solo para quienes dispongan de recursos financieros, tecnológicos y de capital humano. El petróleo seguirá siendo utilizando, pero con menos predominancia como fuente principal de energía, pues se habrá alcanzado la producción máxima o “pico” luego del cual este recurso comenzará a hacerse escaso, siendo sustituido progresivamente por el carbón, gas natural y, en menor medida, por energía nuclear, hidroeléctrica, fuentes renovables y biocombustibles. Se utilizarán vehículos, máquinas industriales y electrodomésticos más eficientes.

En el 2100, siempre bajo un escenario de desarrollo económico y consumo desigual, las tendencias antes citadas se acentúan, la temperatura media mundial ascenderá a un valor ligeramente superior a 4 ºC, lo que ocasionará una crisis de disponibilidad de agua para consumo y riego de cultivos en latitudes medias y bajas, ello será producto de una mayor frecuencia de las sequías y del deshielo de los glaciales. Centenares de millones de personas estarán expuestas a un mayor estrés hídrico y se verán obligadas a migrar agudizando los conflictos preexistentes. Extensas porciones de la región occidental de la selva Amazónica se habrán convertido en sabanas. Alrededor del 40% de las especies conocidas se habrán extinguido. La disminución drástica de la cobertura de hielo del Ártico y de la Antártida ocasionará una elevación del nivel del mar que conducirá a la pérdida de alrededor del 30% de los humedales costeros a escala global. Millones de personas padecerán inundaciones costeras y se producirán olas de calor que aumentarán los índices de morbilidad y mortalidad.

Es muy difícil vislumbrar cuan traumático será el período 2050-2100 en términos de pérdida de vidas humanas. La insuficiencia de energía, agua y alimentos, y las enfermedades conducirá a un retroceso de la población mundial a un total de entre 7.000 y 8.000 millones de personas.

Estos escenarios no deben ser vistos de manera fatalista, porque pueden ser atenuados si se logran concertaciones internacionales para tal propósito. Es necesario que los gobiernos, la sociedad civil, líderes empresariales y trabajadores logren establecer sistemas, estructuras y actitudes que permitan la reducción de las emisiones de gases de invernadero y la realización de proyectos e iniciativas de adaptación a las nuevas condiciones del clima. El reciclaje, la conservación y el uso eficiente del agua y la energía, el desarrollo de las energías renovables, nuevas normas de construcción para edificios e infraestructuras, un reordenamiento territorial que mejore el acceso a los servicios y brinde más oportunidades a las áreas rurales, mejoras en la gestión de tierras agrícolas y detener la deforestación serán de gran ayuda. Las estimaciones del IPCC señalan que estos esfuerzos concertados pueden atenuar el aumento de la temperatura mundial a 1,1 ºC en 2050 y lograr la estabilización a 1,8 ºC en 2100.

Controlar el cambio climático implica también frenar el crecimiento demográfico y el consumo irracional. Se han intentado dos vías de control del aumento de la población: una por mandato legal, como se implantó en China donde sólo se permite un hijo por pareja, o mediante la educación, medios contraceptivos y acceso a la salud en los países mas pobres, la cual es una opción que toma mucho mas tiempo y requiere de mas ayuda de los países desarrollados, quienes contrario a lo deseable la han venido restringiendo en las ultimas décadas. Frenar el consumo irresponsable exige esquemas comerciales de libre mercado más solidarios pues hasta ahora estos han sido miopes al momento de articular lo socio-ambiental con lo económico, siendo una constante la externalizacion de los costos sociales y ambientales. Si no se comienzan a adoptar las decisiones y acciones para contener las emisiones de gases, la civilización del futuro se verá obligada a vivir con menos bienes materiales y servicios, y a consumir menos energía, seguramente cuidará con celo los espacios naturales remanentes y mirará al pasado con nostalgia por las enormes posibilidades y la belleza escénica que ofrecían los ecosistemas perdidos.

 Dr. Juan Carlos Sánchez M.
Autor Líder del Grupo III. Panel de Expertos en Cambio Climático de Naciones Unidas. Universidad Central de Venezuela. Escuela de Ingeniería Civil. Caracas.

 

 
 

   
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