Introducción
El crecimiento económico mundial de las últimas décadas se ha hecho a expensas del ambiente, se ha antepuesto lo económico a lo natural y con ello se ha ocasionado un conjunto de problemas globales sin precedentes cuyas consecuencias serán muy graves para la disponibilidad futura de energía, agua y alimentos si no son atendidos a tiempo. Observamos la deforestación de extensas áreas boscosas, presión sobre los recursos de agua, agotamiento de las pesquerías, avance de la desertificación, el debilitamiento de la capa protectora de ozono estratosférico, contaminación con sustancias tóxicas y la amenaza más grave de todas: el cambio climático ocasionado por las emisiones y acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, producto principalmente del consumo de combustibles fósiles.
El Cuarto Reporte de Evaluación del Panel de Expertos en Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC), dio a conocer sus más recientes conclusiones acerca de este problema en 2007, donde señalan lo siguiente: “el calentamiento del sistema climático es indudable, es evidente en las observaciones de las temperaturas globales promedio de la atmósfera y los océanos, en el derretimiento generalizado de la nieve y el hielo, y el aumento global del nivel medio del mar”. Las temperaturas promedio del aire han aumentado 0,74 ºC entre 1906 y 2005, y las temperaturas oceánicas se han incrementado en profundidades de hasta de 3000 m.
Si no se adoptan medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), en el 2050 la temperatura media global del planeta habrá ascendido hasta un poco más de 2 ºC con respecto al valor medio del período 1980-1999. El calentamiento no será uniforme en todo el globo pues las regiones en altas latitudes se verán más afectadas; los impactos relevantes serán la pérdida de masa vegetal de los bosques tropicales por la menor humedad del suelo, la conversión de regiones de vegetación semiárida en tierras áridas, pérdida de diversidad biológica con peligro de extinción para el 30% o mas de las especies conocidas, mayor frecuencia de incendios de vegetación, menor rendimiento de los cultivos y pérdidas de cabezas de ganado que afectará a la producción de alimentos, aumento de la fuerza de huracanes y tormentas con su secuela de personas fallecidas, lesionados, enfermedades, pérdida de bienes, migraciones y estrés post-traumático, y la proliferación de vectores transmisores del dengue, la malaria y el cólera, que hará que estas enfermedades infecciosas se extiendan geográficamente.
Las conclusiones del reporte del IPCC acerca de las observaciones y tendencias proyectadas del clima son coincidentes con las alteraciones de la variabilidad natural de la temperatura y del régimen de precipitaciones, así como con la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos, que desde hace algunas décadas se han venido observando en América Latina.
Las consecuencias de la alteración futura del clima para la región serían una mayor exposición a desastres socionaturales por eventos climáticos cada vez mas intensos, retroceso de los glaciares andinos y períodos de sequía mas prolongados que disminuirán la disponibilidad de recursos hídricos, riesgo de disminución de la producción de alimentos en la región e impactos costeros por el ascenso del nivel del mar. Todo ello se va a traducir en un freno a las posibilidades de desarrollo, migraciones y un aumento de la pobreza.
Estos impactos pueden llegar a ocurrir sin que América Latina sea la región del globo con mayor responsabilidad en cuanto a las emisiones de GEI, es decir, que la región se verá expuesta a riesgos significativos que tienen su origen en actividades emisoras de gases que se producen en otros lugares del planeta. Este es quizás el aspecto más relevante del cambio climático, común a toda la región, a ser tenido en cuenta de cara a la inminente negociación de un nuevo acuerdo internacional para la protección del clima, que sucederá al Protocolo de Kyoto. En el presente documento se abordan estos temas.
El Origen del Cambio Climático Global
El incremento de la temperatura media global de la superficie de nuestro planeta desde el comienzo del siglo XX hasta el presente ha sido de aproximadamente 0,76°C. Ello ha ocurrido debido a la superposición de mecanismos inducidos por diversas actividades humanas sobre los mecanismos naturales. En el pasado se consideraba poco probable que la acción del hombre pudiese tener alguna incidencia sobre el clima planetario, pero esas suposiciones se hicieron cada vez más débiles hacia finales del siglo pasado, a medida que se constataba el aumento creciente de la temperatura. Los esfuerzos científicos realizados durante los últimos años han llegado a la conclusión de que efectivamente lo que está ocasionando el calentamiento global observado actualmente son las emisiones de GEI provenientes de actividades humanas. Estas emisiones incluyen al dióxido de carbono (CO 2), metano (CH 4), óxido nitroso (N 2O), los clorofluorocarbonos (CFC), los perfluorocarbonos (PFC) y el hexafluoruro de azufre (SF 6) Entre estos el dióxido de carbono es el mas importante por su mayor volumen de emisión. La permanencia de estos gases en la atmosfera una vez que son emitidos varía desde 10 años para el metano hasta 100 años o más para el dióxido de carbono y otros gases.
El reconocimiento por parte de la comunidad internacional de este problema de calentamiento global y sus consecuencias llevó a la adopción de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, cuyo propósito de largo plazo es lograr estabilizar las concentraciones de GEI en la atmósfera a un nivel que impida efectos peligrosos en el sistema climático. Este nivel debería permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible. La Convención ha sido ratificada por 192 países, convirtiéndose así en el instrumento legal internacional para el seguimiento y control del problema.
La Convención reconoce que las emisiones de GEI de los países desarrollados han tenido más incidencia en el cambio climático global que las de los países en desarrollo. Producto de lo anterior, la Convención establece compromisos diferenciados dependiendo del grado de desarrollo de los países ratificantes de la misma. Para ello, la Convención clasificó a los países en dos grandes grupos: en el grupo de Países Anexo 1 se encuentran los países desarrollados o con economías en transición y en el Grupo de Países no Anexo 1, los países en desarrollo.
Conforme a las estadísticas de la Secretaria de la Convención, los países Anexo 1 aportan el 56% de las emisiones globales de GEI, donde Estados Unidos, con menos del 5% de la población mundial, genera el 25% de las emisiones globales de dióxido de carbono. Resulta de interés observar cual es el aporte de emisiones a escala regional. En la figura 1 se puede apreciar que las emisiones relevantes de CO 2 se producen en Norteamérica, Asia-Pacifico y Europa, mientras que las emisiones de America Latina, África y Asia Occidental son comparativamente muy inferiores.
(Figura 1: Figura 1. Emisiones totales de CO2 por región.
Fuente: países Anexo 1 Convención de Cambio Climático, países no Anexo 1 Carbon Dioxide Information Analysis Center, Oak Ridge National Laboratory, U.S.
) Conforme a esta comparación las emisiones, la responsabilidad de America Latina respecto al cambio climático puede considerarse como muy moderada, pero si se tiene en cuenta que el efecto de calentamiento perdura durante un largo tiempo debido al prolongado periodo de permanencia de los GEI en la atmosfera, entonces tendremos que la responsabilidad de America Latina es aun mucho menor, tal como se puede apreciar en la Figura 2, que muestra las emisiones acumuladas de CO 2 desde la revolución industrial hasta el 2002.
Sin embargo, existen otros aspectos relevantes que inciden en el cambio climático y que debe ser tomado en cuenta, que son la deforestación y la degradación de los bosques. Ello también contribuye a acentuar el problema por cuanto la perdida de cobertura boscosa reduce la fotosíntesis, que es el proceso en el cual los vegetales absorben el CO 2 del aire, y si ello ocurre por incendios de vegetación, además se libera a la atmósfera cantidades significativas de C02 producto de la combustión. La deforestación es significativa en America Latina y de hecho constituye la principal fuente de emisiones de CO 2 en algunos países de la región. Las causas son el avance de la frontera agrícola, el abastecimiento de leña, los incendios de vegetación y los cultivos ilegales. Aun cuando persisten incertidumbres en cuanto a las estimaciones de la contribución de la deforestación a las emisiones globales de CO 2, esta pudiera ser de hasta el 20%.
(Figura 2: Figura 2. Emisiones acumuladas de CO 2 durante el periodo 1850 – 2002.
Fuentes: World Resources Institute - Climate Analysis Indicators Tool.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, puede afirmarse que el cambio climático es un riesgo que los países desarrollados y algunos países con economías emergentes le están ocasionando a toda la comunidad internacional, y como tal es una deuda de aquellos países con los países en vías de desarrollo.
Evidencias del Cambio Climático en América Latina
Los primeros indicios de cambio climático ya se están observando en América Latina. Los valores medios de temperatura en los países de la región se incrementaron en 1°C durante el siglo XX, los patrones de precipitación se han visto alterados particularmente en ciertas localidades que han recibido mayores volúmenes de lluvia tales como el nordeste de Argentina, noroeste de Perú, el sur de Brasil, Paraguay y Uruguay y generalizada en Venezuela. Asimismo los registros de la elevación del nivel del mar han alcanzado 2 a 3 mm/año desde 1980.
Por otra parte, se ha observado una mayor frecuencia de eventos climáticos extremos en varios países, que incluyen lluvias muy intensas y periodos sequía mas extensos.
En términos generales, las consecuencias de estas alteraciones del clima han sido negativas en cuanto a sus consecuencias para las comunidades afectadas, los ecosistemas, la economía local, y por tanto para las posibilidades de desarrollo. A titulo de ejemplo se citan seguidamente algunos de estos impactos.
El deshielo de los glaciares
Probablemente la evidencia más clara y mejor documentada del cambio climático en America Latina sea la fusión de los hielos en los glaciares de la Cordillera de los Andes. Por ejemplo, Perú cuenta con 3044 glaciares cuya área se redujo en 22% en el periodo 1970-1997 lo cual equivale a una reducción de las reservas de hielo de 11.300 millones de metros cúbicos, dicha disminución ha sido mas pronunciada en el caso de los glaciares de menor tamaño ubicados en altitudes inferiores a los 5500 msnm. Ello representa una importante pérdida de recursos hídricos de origen glaciar en el orden de 7,000 millones de metros cúbicos. En Bolivia el glaciar Chacaltaya ubicado a 15 Km de La Paz ha perdido cerca del 90% de su superficie desde 1940. Los glaciares del Ecuador han sufrido también una reducción importante, la superficie de hielo del glaciar del Cotopaxi se redujo entre 1976 y 1997 en el orden de 30%, y el Antisana perdió entre 1956 y 1998 mas del 50% de su cobertura de hielo. Para Ecuador los glaciares son de capital importancia debido a que son fuente de abastecimiento de agua de riego en los valles centrales del país y aseguran el suministro de agua de consumo para la ciudad de Quito. En Chile la mayoría de los glaciares presentan balances de masa negativos, están en retroceso y han experimentado pérdidas de área y espesor en los últimos 30 años como respuesta al cambio climático. Los glaciares tropicales también se han visto afectados: en Colombia ocho de sus quince glaciares se extinguieron en los últimos 50 años, y en los últimos cinco a diez años se ha evidenciado un retroceso de aproximadamente 20 metros por año en los 7 glaciares restantes. En Venezuela cuatro de los diez glaciares existentes en la Sierra Nevada de Mérida desaparecieron; estos glaciares que cubrían 10 Km 2 en 1910, vieron reducir su superficie a solo 3 Km 2 en 1952 y en la actualidad es de tan solo 1 Km 2.
La fusión de los hielos en los glaciares somete a riesgos a los pueblos vecinos. En el corto plazo, el deshielo ocasiona una sobrecarga en los reservorios de agua y desprendimientos de masas de hielo que se traducen en inundaciones, avalanchas y aludes. A más largo plazo, puede ocurrir una reducción importante de la disponibilidad de agua para consumo humano, agricultura y generación hidroeléctrica. La alteración de los ecosistemas de montana debido al deshielo coloca en riesgo de extinción a numerosas especies por el deterioro y destrucción de hábitats.
Incremento de los desastres naturales
Por otra parte, los desastres naturales por eventos climáticos extremos, tales como inundaciones, deslizamientos, vendavales y sequías se han incrementado en las últimas décadas. Entre estos los que más han afectado a la población en los países andinos han sido las inundaciones (40%); las sequías (24%) y las temperaturas extremas (11%). Lo anterior ha ocasionado un creciente desvío de recursos para la atención de estas emergencias y de los procesos de reconstrucción. Durante el periodo 2003-2007, el número de eventos atendidos por inundaciones en Colombia se incremento de 276 a 460 con un número total de 3 millones de personas afectadas y una inversión total de cerca de 35 millones de dólares. Datos de los servicios de defensa y protección civil tanto de Bolivia como Perú evidencian desde el año 1995 un crecimiento alarmante del número de emergencias de origen hidrometeorológico: en el caso de Bolivia este incremento ha sido del orden del 330% y en el caso del Perú del 650% En 1999 45.000 personas fallecieron en inundaciones y deslaves en Venezuela. Existe una tendencia hacia la formación de tormentas y huracanes más frecuentes y fuertes en el Atlántico. El huracán Mitch en 1998 ocasionó entre 11.000 y 19.000 personas fallecidas en toda América Central y México. Un informe calculó el daño económico en Honduras en USD 3,8 mil millones – dos tercios del PBI. En el 2005, el huracán Wilma, registrado como el huracán más fuerte del Atlántico, dañó el 98% de las infraestructuras en la costa sur de la Península de Yucatán en México, donde se encuentra Cancún, y causó pérdidas aproximadas de USD 1,5 mil millones en la industria del turismo. En el año 2004 el número de huracanes en el Atlántico Norte alcanzó la cifra histórica de 14, cuatro de los diez años más activos en cuanto a huracanes han ocurrido en los diez últimos años, y el 2008 vio a Cuba, Haití y otras islas devastadas por varios fenómenos. En el 2004, por primera vez en la historia, un huracán se formó en el Atlántico Sur y golpeó a Brasil.
Otros impactos
Otros impactos del cambio climático que comienzan a aparecer en la región se refieren a la reducción de la productividad agrícola debido a la pérdida de humedad de los suelos, la mayor incidencia de incendios por la sequía y la proliferación de plagas por el aumento de la temperatura, la extensión geográfica de enfermedades infecciosas y transmitidas por vectores (mosquitos, garrapatas), tales como el dengue, la malaria, el cólera y la giardiasis, indicios de deterioro de humedales costeros y ecosistemas de manglares debido al incremento del nivel del mar ocasionado por el calentamiento global, y extinción de algunas especies.
Los escenarios futuros del clima para la región, desarrollados con base en modelos matemáticos de simulación del sistema climático nos indican que estos impactos se acentuarán considerablemente en el futuro con el aumento de la temperatura, tal como se muestra en la Figura 3
(Figura 3: Figura 3. Posibles impactos futuros del cambio climático en America Latina.
Dr. Juan Carlos Sánchez M.
Autor Líder del Grupo III. Panel de Expertos en Cambio Climático de Naciones Unidas. Universidad Central de Venezuela. Escuela de Ingeniería Civil. Caracas.