Sombrío panorama vislumbra la Cumbre de Copenhague

Círculo Ambiental/Gilberto Carreño
A pocos días de la esperada Cumbre de Copenhague, donde deberán definirse los nuevos términos de la lucha mundial contra el cambio climático delineados por primera vez en la ciudad japonesa de Kyoto, hace 12 años con vigencia hasta el 2012, la incertidumbre domina el panorama, al desconocerse la posición que en ese encuentro mantendrán los representantes de los principales países generadores de los llamados “gases de efecto invernadero”: Estados Unidos y China, entre otros.

El convenio, acordado en para entrar en vigencia a partir de 2005, obliga a 37 países industrializados a reducir sus emisiones de gases invernadero en al menos 5,2 por ciento para esa fecha, respecto de los volúmenes registrados en 1990.


Después de la más reciente reunión sobre cambio climático en Barcelona-España, a principios de este mes, considerada como la antesala del encuentro de Dinamarca, un sabor amargo quedó en los paladares de quienes hacen seguimiento de las distintas gestiones que se realizan a nivel de los países considerados claves respecto a la ansiada reducción de emisiones gaseosas contaminantes.

En efecto, al término de la llamada Cumbre de los 27, por agrupar a igual número de países de la Unión Europea, con participación de representantes de otros países especialmente invitados, privó el convencimiento de que la cita al máximo nivel de Copenhague, en diciembre, no aportará como tampoco pudo lograrse en Barcelona, grandes soluciones. Alicia Montalvo, directora de la Oficina Española de Cambio Climático, al igual como lo insinuó el secretario general de la ONU para el cambio climático, Yvo de Boer, dio por sentado que en la capital danesa no habrá un acuerdo completo.

El problema principal sigue siendo Estados Unidos, cuyo representante en el congreso sobre clima en Barcelona, , Johnatan Pershing, pese haber afirmado que habrá un “acuerdo real en Copenhague”, reconoció que será difícil que dicho acuerdo sea vinculante y evitó referirse a las propuestas que presentará su país.

El punto clave en relación con la posición que mantendrá Estados Unidos en Copenhague, radica en que en el hecho de que la posición del gobierno dependerá del Senado que debate en la actualidad la ley del clima, donde se concretaría los niveles de reducción de emisiones de CO 2 que ese país estaría dispuesta a aceptar.

Pershing mencionó otro punto neurálgico que estará en la mesa de negociaciones de Copenhague, como es el de la responsabilidad que corresponde a otros países también considerados contaminantes pero menos presionados en cuanto a la obligación de reducir sus emisiones. En tal sentido, adelantó que el gobierno de Obama “está comprometido con la lucha contra el cambio climático, pero es necesario que se impliquen todos los países que concentren el 90 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono, como Japón, Europa, Brasil, India, China…”

De los mencionados, China figura como el país que hoy supera a Estados Unidos en cuanto a emisión de gases de efecto invernadero. Sin embargo, por ser clasificado como país emergente, las exigencias de reducción de emisiones son menores que los de países catalogados como industrializados. Esta consideración ha sido siempre rechazada por Estados Unidos.

China ha venido insistiendo ante la comunidad internacional en que todavía es un país en desarrollo y que no se le debe imponer compromisos que obstaculicen sus esfuerzos para sacar a más de 200 millones de sus habitantes de la pobreza. Sin embargo, las autoridades chinas confrontan internamente una doble presión: por una parte, la de los ambientalistas, liderados por el prominente economista Hu Angang, quienes han llamado la atención al gobierno de realizar serios esfuerzos para reducir las emisiones gaseosas; por la otra, la de quienes acogen el criterio del Instituto de Economía Ambiental de la Universidad de Renmin, el cual ha calculado que la adopción de estrictas metas de reducción de emisiones le costaría a China siete por ciento de su producto interno bruto (PIB) para 2050. Y lejos de comprometerse con una reducción, China, adopta decisiones encaminadas a seguir impulsando su crecimiento industrial, basada en el desarrollo de energías renovables.

Otras igualmente catalogadas como potencias emergentes, como la India, Brasil y Sudáfrica, tampoco aceptarán contener su crecimiento de emisiones, si no reciben a cambio contrapartidas financiaras o tecnológicas de Washington

Existe la expectativa, sobre las conversaciones que puedan haber sostenido Obama y su homólogo chino, Hu Jintao, durante la última visita del presidente estadounidense a Beijing. El tema del desarrollo de energías renovables es el argumento más probable, que acogerán en conjunto las dos naciones en la Cumbre de Copenhague.

Hasta ahora la posición más favorable a los acuerdos que se puedan alcanzar en la esperada reunión es la de la UE, cuyo presidente de turno, el presidente sueco Fredrik Reinfeldt, ha dicho que " La Unión Europea tiene ya un mandato para Copenhague, una posición fuerte y seguimos liderando". “Ahora esperamos que otros nos sigan", agregó.

Tras la reunión de Barcelona, los voceros de la Unión Europea expresaron la disposición de los 27 de contribuir financieramenete con los países en desarrollo, a fin de apoyarlos en sus esfuerzos y adaptaciones a la lucha contra el calentamiento global, por un costo de alrededor de 100.000 millones de euros anuales en 2020, de los que entre 22.000 y 50.000 millones de euros deberían proceder del financiamiento público internacional. El resto podría provenir de la combinación de esfuerzos de los propios países en desarrollo y los ingresos del mercado de carbono, mecanismo previsto en el Protocolo de Kyoto y que, se aspira pueda ser mantenido una vez que aspire este acuerdo a finales de 2012.

La UE ha prometido, además, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20 por ciento con respecto a los niveles de 1990 para el 2020 e incrementar el recorte hasta el 30 por ciento de acuerdo a lo que hagan otros, según lo ha indicado José Manuel Barroso, quien, no obstante, ha expresado su opinión de que no será posible alcanzar un acuerdo internacional en la Cumbre de Copehague. “No vamos a tener un tratado vinculante amplio del estilo de Kyoto”, dijo, tras señalar que un marco de ese tipo incluiría firmes plazos para reducir las emisiones por parte de los países ricos y un acuerdo en cuanto a las acciones que deben tomar los países en desarrollo.

Gilberto Carreño / Círculo Ambiental
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