Con el debido respeto a quien mucho respeto nos merece, dedicamos el editorial de esta
semana, a la ingeniera Jacqueline Faría, parafraseando una canción compuesta por quien mucho amó a nuestra querida ciudad capital, el inolvidable Billo Frometa, precisamente con motivo de la celebración de lo que algunos suponen son los 442 años de la fundación de Caracas.
Debemos comenzar por referirnos a la realización de un simposio convocado por la Asociación Civil Por la Caracas Posible, realmente preñado de buenas intenciones, especialmente por la calidad de su organización, a cargo del colega periodista Erick Calderón y la participación de expositores de la talla de la profesora Rebeca Sánchez, coordinadora de Investigación de la Universidad Central de Venezuela (UCV); y en importante medida de la coordinadora de asuntos ambientales de la Alcaldía Metropolitana, Luisa Villalba; del director de la Asociación de Reciclaje y Producción Limpia(Arcicla), profesor Hernán Papaterra; y del Presidente de la Corporación de los Servicios Metropolitanos. Manuel Molina.
De todo lo repetido, algo nos gustó del conversatorio: en primer lugar la definición que allí aportó Luisa Villalba al definir como un gran “despelote” lo que está sucediendo con el tratamiento del tema ambiental de Caracas, simplemente porque la política se sigue imponiendo como la principal traba para que todos quienes tienen responsabilidad gubernamental sobre la problemática ambiental de la región capitalina se dediquen de una manera conjunta, sin tirrias ni zancadillas, a planificar soluciones porque, otra gran verdad de Luisa, Caracas es una sola y como tal deben ser abordados sus problemas, independiente de las diferencias políticas de sus autoridades.
Nos gustó también la intervención del presidente de la Corporación de Servicios, porque invita a percibir que en Libertador le están entrando de frente, de una manera muy organizada, al asunto de la recolección de desechos sólidos. El amigo Molina transmite imagen de buen gerente y de que hay organización en su municipio para abordar el problema de la recolección y traslado de la basura a los lugares de los cuales disponen para su transferencia y disposición final. Sin embargo, aun cuando habló del cooperativismo en el proceso de recolección, no visluimbró nada en cuanto a la efectiva participación comunal en el ataque a la creciente producción de basura.
De Rebeca Sánchez, pudimos oir, por fin, la palabra mágica; soltó la profesora Sánchez la palabra “tecnología” para referirse a las prácticas que utilizan en países con algún grado de desarrollo, para reducir los volúmenes de desechos que van a los lugares de disposición final. No pudimos asistir a la sección de preguntas y respuestas, porque compromisos preestablecidos nos obligaron a abandonar el recinto, la sala 2 del Celarg.
Nos hubiera gustado llegar al final, para preguntarle especialmente a los representantes de alcaldías sólo dos preguntas: primero, ¿por qué no se habla o no se formulan propuestas firmes sobre la posible participación de los habitantes de las distintas zonas de Caracas en planes concretos de gestión ambiental comunitaria? Pensamos que de allí partiría todo. Un plan de gestión comunitaria, comprometería a los vecinos de cada barrio o de cada urbanización de Caracas, en el abordaje de aspectos como la reducción de basura, mediante la implantación de programas de reciclaje, de compostaje, de cuido y propagación de la vegetación y prevención de riesgos socionaturales, entre otros.
Segunda pregunta, ¿hasta cuándo vamos a seguir manteniendo la idea de los rellenos sanitarios y centros de transferencias como solución al problema de la disposición final de la basura, cuando existen tecnologías en el mundo que garantizan una reducción casi absoluta de la basura, en algunos casos sin generación de gases contaminantes? A esta pregunta podríamos agregar: ¿Saben ustedes cuánto tiempo de vida útil le queda al relleno sanitario de La Bonanza? Segunda subpregunta, ¿Tienen ustedes idea de quién o qué municipio estaría dispuesto a ceder espacio para recibir lo que ya se acerca a las 5 mil toneladas diarias de basura, para que le contaminen su atmósfera, sus suelos y sus aguas subterráneas?
Bueno, insistimos una vez más a pesar de que algunos nos ven como fastidiosos. Es preciso dejar de flotar en las nebulosas y bajar a la Tierra para ver la problemática ambiental de Caracas desde perspectivas realmente reales. Y aquí es donde vamos con nuestra admirada, Jacqueline Faría.
Quienes hemos tenido la oportunidad de seguir de alguna manera directa su desempeño, conocemos de su experiencia y capacidad para enfrentar el cúmulo de problemas ambientales que hoy sufre nuestra cumpleañera Caracas, especialmente en materia de manejo de desechos sólidos y contaminación de atmosfera, de suelos y subsuelos. No en balde su paso por la presidencia de Hidrocapital, donde tuvimos la oportunidad de conocer su buen desempeño en la solución de los problemas que se le planteaban; como ministra del Ambiente y ahora como jefa de gobierno capitalino.
Por eso, tomando prestada una frase de la canción de Billo y cambiando un tanto la letra, le decimos, “Jacqueline, chica, concédele algo a mi Caracas”, que sería como plantear: por qué no le hacemos caso a Luisa Villalba y, obviando la diatriba política, asumamos que realmente tenemos que ver a Caracas con una sola visión de ciudad; que es necesario acabar con el despelote que significa lanzar cada uno por su lado esa especie de palos de ciego que hoy estamos lanzándonos y, calladamente, sin dar oportunidad a quienes les encanta un pleito, avanzar hacia la formulación de propuestas. Personalmente, estoy seguro que Jacqueline y Luisa, con el apoyo de Rebeca, harían un perfecto trío femenino que pudiera poner orden ambiental en esta gran casa que es nuestra querida Caracas. ¿Cómo le parece, mi querida Jacqueline, porque no le concede a todos los municipios de esta conurbada región la posibilidad de actuar como un todo para demostrar al país que juntos lo podemos hacer mejor?
Gilberto Carreño / Circulo Ambiental
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