Descubren cueva del Gallito de las Rocas en Urapán Tepuy

En una excursión sencilla y accesible para todos en el municipio Sifontes, del estado Bolívar, partiendo de la comunidad indígena San Miguel de Betania, km.67 de la troncal 10 hacia Gran Sabana fue descubierta la presencia de una de las aves más espectaculares del mundo: el Gallito de las Rocas, según la información y fotografías que nos hace llegar Fritz Sánchez, quien se identifica como miembro del equipo de prensa de Ruta Gallito Rocas.

Ciudad Bolívar, 7.11.2010 / Prensa Ruta Gallito Rocas
Un hermoso viaje para los amantes de la observación de aves y los excursionistas que deseen internarse en bosques de galerías de un tepui de fácil acceso y gran belleza, del cual, en su tope, se tiene una privilegiada panorámica de la selva y hasta las tierras de Guyana.

El Urapán tepui, una montaña donde además de paisajes impresionantes, se encuentra un secreto natural que el pueblo pemón de San Miguel de Betania, cuida y conserva con gran vehemencia, más no lo oculta a quien tenga la convicción de conocerlo con respeto y conciencia ambiental: La Cueva del Gallito de las Rocas (Rupicola rupicola).

Años atrás, en las vacaciones escolares, niños indígenas de San Miguel de Betania subieron al Urapan tepui y explorando, encontraron esta cueva donde varias aves, en especial el Gallito de las Rocas, habita en sus alrededores y llegan a dormir.

Lo que inició como un juego, se perfila como una actividad ecoturística que brindará desarrollo sustentable a esta comunidad pemón arekuna situada en el kilómetro 67 de la carretera de La Gran Sabana (Troncal 10 - municipio Sifontes).

Actualmente, los jóvenes pemón, liderizados por Rafael Aguirre, han establecido dos rutas turísticas en el Urapán tepui, el Mirador del Urapán tepui y la Cueva del Gallito de las Rocas, ambas contemplan una caminata de aproximadamente 3 horas de recorrido, en el cual se puede observar una gran diversidad de flora y fauna, contando la región con alrededor de 405 especies de aves, entre las que se divisan el Gallito de las Rocas, el Pájaro Capuchino, guacamayas, águilas arpías, paujíes, entre muchas otras.

En busca del Kavanarú
Temprano en la mañana se inicia la excursión por un sendero próximo a la comunidad; un antiguo camino de tránsito indígena entre comunidades de esta zona con las de Gran Sabana, incluso se interconecta con comunidades pemón de Guyana como San Juan de Venamo, Akaikan y Masaruni.

A pocos minutos nos adentramos a un hermoso bosque de galería en el cual, la alta vegetación filtra los rayos solares y el recorrido con un fresco clima de selva nublada nos hace avanzar a buen ritmo. Pasos de riachuelos así como los rastros de la extracción de la resina de los árboles de Balatá encontramos con frecuencia, como muestra de un pasado aún vivo.

Un camino donde la mística sigue presente, al encontrarnos a mitad de camino la Huella del Dios Mitológico o Piaimá Pütá, materializado en un redondo bloque de cuarzo con un grabado que para la cultura pemón es sagrado.

En el recorrido, los jóvenes guías van explicando las leyendas presentes en estos bosques, así como las plantas medicinales con la que los piaches o curanderos indígenas tradicionales curan los malestares del cuerpo y alma.

Luego de dos horas de recorrido se observa como la vegetación va cambiando de premontano bajo a montano alto, tras iniciarse una pendiente suave pero constante hasta el Mirador.

Alcanzada la primera meta, el Mirador nos ofrece una soberbia panorámica de las planicies, selvas y tepuies, junto a las impresionantes paredes del Cerro Venamo que marca la frontera con Guyana.

Impregnados de la energía circundante continuamos la travesía hacia la Cueva del Gallito de las Rocas o Kavanarú (en nombre pemón), bordeando el abismo del Urapán tepui.

A pocos minutos nos encontramos con una empinada garganta de rocas que debemos descender para llegar a la cueva. La adrenalina se apodera del ambiente y siguiendo a los jóvenes pemón comenzamos el descenso con total silencio y con mucho cuidado.

En pocos momentos, el niño Gerino Castro (Pepino), comienza a llama a los Kavanarú con un cantar que imita a esta magnifica ave y a la que ellas responden.

Dos hermosos gallitos de las rocas se divisan entre el verdor de los árboles con su plumaje naranja intenso salpicado de algunas cortas franjas negras. Mientras la caverna no menos espectacular observamos, las aves fugaces que revolotean en su cima y cerca de sus nidos ubicados a mitad de una de sus paredes rocosas. Un espectáculo en el cual nos sentimos dichosos de haber podido presenciar. Con igual cautela, emprendimos luego de algunos minutos, el retorno a la boca de la garganta de roca e iniciamos el camino de retorno topándonos con veloces paujíes que emprendieron el vuelo al sentirnos cerca. Dos horas de regreso no exentas de reconocimientos de flora por la diversidad de bromelias, orquídeas, palmas y diversas flores multicolores, además de una refrescante zambullida en las pozas del río Nokoparú -una de las quebradas del trayecto-, nos hizo retornar a la comunidad de San Miguel de Betania felices, con la certeza de saber que la experiencia hay que repetirla.

Datos clave:
Para llegar a esta comunidad se debe tomar un bus en el terminal de Ciudad Bolívar con destino Santa Elena de Uairén e indicar al colector que su destino es la comunidad indígena San Miguel de Betania, km 67 de la carretera de la Gran Sabana (troncal 10), poco antes del pueblo de Las Claritas.

Desde Ciudad Bolívar son ocho horas hasta San Miguel de Betania. Esta ruta turística se puede realizar directamente con los habitantes de esta comunidad indígena, por lo que pueden comunicarse directamente con la comunidad a través del número telefónico (0288) 440.3201, solicitar los servicios turísticos de la Coop Urapan tepui y organizar su viaje.

La comunidad de San Miguel de Betania no posee servicios de alojamiento, aunque estiman construir un parador turístico y posada en los próximos años, sin embargo para conocer el Urapán Tepui y la Cueva del Gallito de las Rocas, basta con un día.

Los días de excursiones son viernes, sábados y domingos. Por ser una zona boscosa se recomienda tener siempre consigo un impermeable en el morral y una muda de ropa.

El Gallito de las Rocas
Es una de las aves más espectaculares del mundo con su fantástico plumaje y colorido. Se distinguen dos especies: (1) el Gallito de las Rocas Andino (Rupicola peruviana) y (2) el Gallito de las Rocas Guayanés (Rupicola rupicola).

Ambos viven en áreas montañosas del norte de Sudamérica. La primera de las citadas especies se distribuye en los Andes, desde Venezuela hasta Bolivia; la segunda se encuentra en las montañas más antiguas y altamente erosionadas que quedan al este de los Andes y al norte del Río Amazonas (es decir, en las Guyanas y en el estado Bolívar de Venezuela, Brasil y Colombia).

La dieta de ambas especies principalmente es fruta y sus nidos se construyen en las caras rocosas de los riscos, las grandes rocas alisadas, las cuevas o los desfiladeros empinados. La hembra construye el nido y cuida las crías sin ayuda del macho. El tamaño normal de la nidada es dos huevos.

El macho es de un hermoso color rojo-anaranjado intenso, con ojos anaranjados, pico y patas amarillo-anaranjadas, una cresta erecta de plumas sobre el pico y la frente, alas y cola negros, y algunas plumas de color gris perla en las alas. La hembra es de color marrón rojizo oscuro en su totalidad.

Llegada la época de celo, los machos (en grupos de alrededor de 40 ), se reúnen en este lugar llamado lek esperando ser escogidos por la hembra y cada uno se sitúa en su espacio propio de alrededor de ½ metro.

Este común de reunión de los machos denominado lek (palabra escandinava que quiere decir lugar de cortejo comunal), es el lugar donde podrán cantar, danzar y lucirse, realizando complicadas piruetas a la espera de ser escogidos por la hembra. Posados en las ramas, cada uno ocupa un área de cortejo de aproximadamente medio metro cuadrado.

En los primeros momentos, el ceremonial es tan estrambótico que difícilmente se puede creer que se trate de un ave. La cresta y otras plumas ornamentales se erizan transformando completamente el aspecto del animal. Al mismo tiempo emiten dos sonidos diferentes: una especie de chasquido que producen con el pico y un silbido decreciente, consecuente de la perforación de una de las plumas del ala. Cuando la hembra se posa cerca del cantadero de los gatillos el espectáculo es indescriptible; todos los machos hacen lo imposible por ganarse las preferencias de la dama, dando lugar a una variopinta representación teatral. Estas danzas nupciales son todo un espectáculo, porque se puede ver a los machos realizando la danza y a las hembras posadas en las ramas contemplándolos. Así pasarán la mayor parte del día entre los árboles.

Texto y fotos: Fritz Sánchez
Prensa Ruta Gallito Rocas
sanchez.fritz@gmail.com

 

 

 

 

   
Calentamiento Global