En la gestión directa de las comunidades, con el apoyo de las autoridades municipales, radica el éxito de cualquier plan o programa con el que se pretenda abordar la solución de los problemas que afectan a una comunidad y especialmente de aquellos que tienen que ver con su ambiente y sus recursos naturales.
Es por esa razón que desde nuestros portales informativos Círculo Ambiental (www.circuloambiental.net) y El Hatillo al Día (elhatilloaldia) continuaremos poniendo especial énfasis en la participación de las comunidades en tareas específicas como la reducción de los desechos sólidos, la guardería ambiental y en las actividades de propagación y mantenimiento de las especies vegetales, fundamentalmente.
Estimamos que las comunidades organizadas deben plantearse como primer objetivo, exigir el apoyo de las autoridades municipales, su instancia de poder más inmediato, en asuntos como la dotación de los elementos que requieren para implantar sistemas de reciclaje, como actividad que garantiza una efectiva reducción de los desechos que van a parar a los vertederos.
Es decir, deben contar las comunidades, en una primera etapa del proceso, con un número suficiente de recipientes para recibir los materiales reciclables, dispuestos en lugares claves, como las entradas y salidas del barrio o urbanización comprometida con el mismo. Posteriormente, una vez afianzada esta etapa, ir a la separación selectiva desde cada vivienda.
En segundo término, es necesario contar con un personal mínimo destinado a la recolección, clasificación y acopio de los materiales; en tercer lugar, recibir la dotación de un vehículo para el proceso de recolección, así como un espacio especialmente acondicionado para recibir y despachar los materiales, y contar con un vehículo de mayor capacidad que el utilizado para la rutina diaria de recolección, con el que se programen las entregas de los distintos tipos de materiales reciclables. La experiencia nos enseña que la mayor parte de los desperdicios están constituidos por envases de vidrio, plástico y aluminio, así como empaques de plástico y de cartón, y papel.
Son todos estos, materiales que pueden ser procesados en sustitución de materias primas, con lo que, además de la reducción de la basura, contribuiremos a evitar la utilización de árboles y demás materiales que nos ofrece la naturaleza.
Sin embargo, es determinante el apoyo de la autoridad municipal, y es un tema en el que insistiremos siempre; porque generalmente los planes y programas de reciclaje, iniciados por grupos bien intencionados pero no apoyados, fallan debido a que los implementos a utilizar en la implantación de un sistema son costosos y los precios que pagan las empresas recicladoras no son remunerativos, como comúnmente se pregona.
Es también queja permanente de nuestra parte, que en el caso de Venezuela, la autoridad nacional en materia de ambiente, debería crear mecanismos para obligar a las empreesas a pagar precios justos por los materiales que reciben; dado que sería esta una forma de estimular la incorporación de las comunidades a estos procesos.
De igual manera, la implantación de composteros y huertos comunales y familiares es realmente factible y no tiene mayores costos. Sólo se requiere la promoción, por parte de las alcaldías y la decidida participación de las comunidades; que necesariamente deben también involucrarse en las actividades de guardería ambiental y en la siembra de plantas para crear entornos más gratos desde el punto de vista ambiental.
La educación ambiental y la formación de las comunidades en cuanto al manejo de la legislación ambiental local, regional y nacional, son fundamentales. Pero la idea es empezar, y en ese afán estamos dispuestos a ofrecer nuestro modesto aporte.
Gilberto Carreño / Ediciones Círculo Ambiental C.A
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