Ya no es clara el agua ni azul el cielo del lago de Maracaibo

Gilberto Carreño / Caracas, 23.08.2010 / Círculo Ambiental
Quinientos once años han trascurrido desde aquel 24 de agosto de 1499 cuando Alonso de Ojeda se encontró frente al maravilloso espectáculo que le ofrecía nuestro hermoso lago de Maracaibo. Indígenas habitando palafitos sobre un agua clara y un limpio cielo azul, debieron impactar las mentes de aquellos que, según se cuenta, les trajo el recuerdo de la lejana región italiana de Venecia y de donde provendría el nombre de Venezuela.

Muchas historias que contar sobre el lago deberán surgir durante estos días conmemorativos, comenzando por reconocer que esta inmensa cuenca enclavada en el noreste de Venezuela, de una superficie aproximada de 13 mil 200 kilómetros cuadrados y considerada el depósito de agua dulce más grandes de Suramérica, fue escenario de la epopeya independentista del país.

Sus aguas facilitaron la comunicación de los diferentes poblados que nacieron a su alrededor y a través de él floreció el comercio, no sólo de la región zuliana sino también de la andina. En sus puertos se embarcaba el café que tanta riqueza trajo al país.

A finales de la segunda década del pasado siglo, se descubre y comienza a explotar el petróleo, hecho que viene a transformar la economía y la propia vida del Zulia y de todo el país. Maracaibo dejó de ser considerada sólo una ciudad de gigantesca extensión, para transformarse en una pujante urbe que irradió prosperidad económica a los caseríos existentes en toda su cuenca.

Las guerras europeas requirieron de aquel producto que brotaba a borbotones del subsuelo lacustre, y el petróleo zuliano sirvió para alimentar los ejércitos aliados que a la postre resultaron ser los vencedores. En la reconstrucción de aquellas maltrechas ciudades de la post guerra, también fue necesario aumentar la capacidad de bombeo para que este combustible echara a andar las industrias de Estados Unidos y de Europa.

Fue con el propósito de permitir la entrada de mayor número de tanqueros cada vez más grandes, cuando inescrupulosos hombres del poder político nacional ordenaron, a comienzas de 1950, el dragado de la barra natural que controlaba el paso de agua salada hacia el lago, iniciándose desde ese momento el proceso de salinización que hoy altera de manera radical su composición bioquímica.

Desde entonces, una maléfica mezcla comenzó a contaminar el lago: el agua salada, los derrames petroleros y las aguas servidas de las ciudades y pueblos que lo rodean, con el consiguiente daño a su ecosistema, representado en un progresiva eutrofización la cual ha consistido en una enorme concentración de nutrientes que se manifiestan en una proliferación de algas que le roban el oxígeno del agua y causan el envejecimiento prematuro y muerte de los seres vivos que lo habitan.

Por largos años se ha dejado sentir el clamor del zuliano sobre la necesidad de rescatar las aguas del lago y una de las respuestas oficiales fue la creación, en 181, del Instituto Autónomo para la Conservación del Lago de Maracaibo –ICLAM–, adscrito al Ministerio del Ambiente, con la facultad de promover, planificar, auspiciar y ejecutar planes para la conservación del lago y su cuenca en la que hoy viven más de cinco millones de personas que, junto con las industrias, vierten al lago más de 10 millones de litros cúbicos de aguas contaminadas por segundo.

Sin embargo, pese a que han sido muchos los anuncios oficiales dados a conocer especialmente desde la década de los 80, sobre proyectos dirigidos a frenar el proceso de deterioro que hoy sufre el lago, hoy día puede observarse como malezas, entre ellas la Lemna sp, han llegado para perpetuarse en el lago; la frecuencia de derrames por causa de accidentes de los tanqueros y por vencimiento de la amplia red de tuberías de las instalaciones petroleras allì sembradas, y la ineficiencia de las autoridades ambientales para frenar el vertido de aguas servidas de origen industrial y doméstico, nos hacen llegar a la triste conclusión de que a los 511 años del hecho histórico de la llegada de los españoles al lago, sus aguas jamás llegarán a tener la claridad de entonces ni su cielo tendrá el intenso azul de entonces.

 

 

 

 

   
Calentamiento Global