Motorizados convertidos en plaga citadina

Con todo el respeto que nos merecen los motorizados deportivos y los trabajadores  que utilizan con la debida moderación y respeto las motocicletas para sus labores, e incluso para trasladarse desde sus viviendas a sus sitios de trabajo y viceversa, es necesario advertir sobre el grave giro que está tomando el progresivo uso de este tipo de vehículos en los traslados por las distintas vías ciudad.

Claramente hablando, los motorizados se han convertido en una auténtica plaga citadina en las ciudades más pobladas y congestionadas del país, especialmente por la incapacidad de las autoridades del tránsito terrestre para frenar sus abusos. 

Además de los daños ambientales que causan, principalmente por la contaminación sónica y atmosférica que generan las motos con sus ruidosos tubos de escape, la mayoría de sus conductores se han constituido en propiciadores de siniestros, de los cuales generalmente resultan ser las primeras víctimas. 

Para la mayoría de ellos no existen semáforos ni flechados, pero sí mucha impunidad para cometer sus atropellos contra los conductores de los otros tipos de vehículos.  Las empresas de seguros constituyen los principales testigos de este señalamiento, pues imaginamos muy alta la proporción de propietarios de autos que acuden a ellas a solicitar la reparación de un rayón o de un espejo retrovisor dañados por motorizados que, generalmente, ni si quiera se detienen para mirar el daño causado. Pero que a nadie se les ocurra reclamarles o causarles algún daño a sus motos, porque inmediatamente entra en funcionamiento la solidaridad vergonzosa entre ellos, con disposición a la cayapa contra el “atrevido”

Más grave aun es lo que se está acentuando en los últimos tiempos, como es el atraco a los conductores y a los pasajeros de los automóviles, especialmente en las áreas de mayor concentración de vehículos y en horas pico.

Por este aborrecible cuadro, que cada día presente nuevas facetas, es preciso que las autoridades, instrumenten de una vez por todas un verdadero plan de control de la actividad motorizada, para evitar que esta plaga citadina nos siga devorando a todos.     

Gilberto Carreño/Círculo Ambiental
gilcar@circuloambiental.net 

 
 

   
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