Falsos ecoturistas arruinan encantos de la Naturaleza

Caracas, 30/04/2009

Muy animados se les ve partir con sus morrales, algunas veces con sus equipos de buseo y sus vehículos todo terreno, marchar hacia destinos donde la naturaleza se ha esmerado al ofrecer sus encantadoras rarezas.

Podría decirse que son amantes de la Naturaleza que acuden tras esos paisajes y ecosistemas tan únicos como apartados de la encementada civilización urbana. El nombre Gran Sabana resuena en sus oídos como una fina melodía proveniente de lejanos parajes; las formaciones coralinas que sirven de sustento a la vida marina despierta en ellos la sensación de lo extraño y hermoso; y las cuevas la emoción de penetrar a las propias entrañas de la Tierra… Y hasta ahí todo está bien.

Sin embargo, de auténticos amantes de la Naturaleza provienen las quejas que nos advierten sobre la verdadera vocación “ambientalista” de estos falsos ecoturistas, cuyo comportamiento frente a los paisajes que visitan resulta realmente vergonzoso. Veamos:

Gran Sabana irrespetada

Muy recientemente, de la última temporada vacacional de los venezolanos, Semana Santa, funcionarios del Ministerio de Ambiente y del Instituto Nacional de Parques (Inparques) denunciaron el comportamiento de gran parte de la masa de turistas que se volcó sobre la Gran Sabana, y de manera especial sobre el Parque Nacional Canaima.

Como es tradicional en temporadas vacacionales, en esa atractiva región de características ambientales y ecológicas únicas, ubicada en el Escudo Guayanés, en el extremo sureste de Venezuela, se concentraron este año alrededor de un millón de personas. Y como es también tradicional, se concentró una inmensa cantidad de basura y desaparecieron de su hábitat natural numerosas piezas de piedras semipreciosas (como jaspe y cuarzo) y de su endémica flora.

De acuerdo con información proveniente de Inparques, funcionarios de esa institución retuvieron a 315 presuntos conductores de vehículos rústicos (4 x 4) presuntamente incursos en infracciones contra los sistemas ecológicos del Parque, al penetrar a lugares apartados de las vías establecidas para su libre tránsito. Es decir, practicantes del rustiqueos que posiblemente, de regreso a sus lugares de origen, alardeen ante sus allegados de “ecoturistas” por haber visitado la Gran Sabana.

Arruinan los arrecifes

Pese a su gran valor paisajístico y ecológico marino y constituir uno de los mayores atractivos turísticos del país, para venezolanos y extranjeros, el Parque Nacional Archipiélago de Los Roques, sufre de males similares a los que presentan otras Áreas bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE). Es decir, gran acumulación de desechos sólidos, por falta de previsión de los visitantes y ausencia de un adecuado sistema de recolección que, en este caso, debería involucrar tanto a las autoridades ambientales como a los operadores turístico del lugar; así como la falta de un manejo adecuado de las aguas servidas y de control de los pozos sépticos. A ello se le suman, la sobrepesca de especies altamente cotizadas y de botutos.

Particularmente preocupa a la fundación Científica Los Roques, una de las ONG más prestigiosas del país, que siendo este parque el asiento de los arrecifes coralinos más sanos de todo el Mar Caribe, habitados por más de 60 especies de corales que constituyen el sustrato de vida de centenares de especies marinas, enfrente la amenaza de visitantes que, en sus actividades de buceo, desprenden trozos de corales para llevárselos como souvenirs.

Se trata de una práctica denunciada como muy dañina, por sus consecuencias destructivas, en distintos lugares donde existen arrecifes, cuyas estructuras tardan muchos años en formarse y las cuales necesitarán muchos años más para recuperarse.

Resulta muy fácil observar en las vitrinas de muchos establecimientos comerciales, especialmente en aquellos dedicados a la venta de joyas y de fantasías, donde son exhibidos grandes trozos de corales con la mayor impunidad.

De las cuevas también llegan quejas

También de los defensores de las cuevas provienen quejas que bien deberían ser tomadas en cuenta por las autoridades y especialmente por los desprevenidos “ecoturistas” que, tal vez de manera inocente, contribuyen a la desvalorización de esas joyas naturales que constituyen las cavernas del país.

Recordamos, de algún tiempo atrás, la denuncia del geógrafo Efraín Tapiquen, del Museo La Salle de Historia Natural, quien en su oportunidad solicitó del gobierno nacional la declaratoria de emergencia para proteger la Cueva del Guácharo.

Como es conocido, este monumento nacional considerado como una de las mayores cavernas de Venezuela ( 10,2 km de longitud), declarado Parque Nacional en 1975, constituye un gran atractivo turístico en la región oriental del país (entre los estados Monagas y Sucre). Sin embargo, también “inocentemente”, muchos de sus visitantes optan por llevarse recuerditos de la cueva, y arrancan estalactitas y estalagmitas, cuyas formaciones se originan de la deposición de carbonato cálcico y otros minerales precipitados en soluciones de aguas mineralizadas. En su formación, para alcanzar los grandes tamaños que se observan en la Cueva del Guacharo, la Naturaleza tarda muchos años. Tapiquén también se refirió a la conducta de los visitantes que arrojan a la caverna los desperdicios que traen desde otros lugares.

 

Gilberto Carreño/Círculo Ambiental

 

 
 

   
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