El Ambiente, la Paz y Obama

Nos contamos entre quienes, tanto en Venezuela, como en distintos lugares del mundo han considerado, por lo menos prematuro, conceder al presidente estadounidense Orak Obama, el Premio Nobel de la Paz. Pudiéramos aceptar que Obama esté lleno de buenos propósitos en relación con la paz del mundo, cosa que no terminamos de asimilar, porque en la práctica no vemos todavía resultados prácticos. Como dirían algunos aquí en nuestro país, el hombre hasta ahora sólo ha demostrado estar “preñado de buenas intenciones”.

Pero no queremos entrar en profundidades, que preferimos dejárselas a los conocedores del derecho y la diplomacia internacional; nos corresponde mirar el tema del ambiente y su relación con la paz, pues no hay nada que afecte más a una porción territorial dada, a su gente y sus recursos naturales, que los indiscriminados bombardeos que alienta y ejecuta el gobierno estadounidense desde que descubrió su potencialidad para imponerse ante el mundo. Asimismo, Estados Unidos tiene una deuda muy grande con el planeta, como es la de ensuciar su atmósfera como lo hace la nación norteamericana y mostrarse a espalda de quienes pregonan la necesidad de frenar tal situación. Y estimamos que la humanidad no puede entender una paz con los conflictos que genera un ambienta donde su equilibrio ecológico se encuentre afectado por un cambio climático que, entre otras, a través de un acelerado proceso de desertización reduce las posibilidades de tierras aptas para la producción de los alimentos y el agua potable que necesita para su propia subsistencia.

Se trata esta situación de una deuda que viene cargando Estados Unidos con el planeta, que la engrosó considerablemente el nefasto Busch, y cuya carga le corresponde ahora a Obama echarse sobre sus hombros hasta que decida, pero en serio, si acoge realmente las propuestas contenidas en el protocolo de Kyoto, que su país firmó pero que nunca le paró bolas, o mantener el doble discurso que hasta ahora le hemos captado de varias actuaciones y cuyo tema en eeste caso se lo dejamos a los políticos.

Hasta ahora, el carismático Obama, que anda por todas partes cayéndole bien a todo el mundo y al que muchos ven como el propio ángel negro, se ha limitado sólo a anunciar un cambio en la política ambiental global de su país; y como primera medida para convencer al mundo de su supuesta disposición, fue el nombramiento de Todd Stern, para representar al gobierno de su país en las venideras negociaciones sobre cambio climático que tendrán lugar en diciembre de este año en Copenhague. Stern fue el representante del también muy bien intencionado presidente Bill Clinton, en las negociaciones que culminaron con la firma del acuerdo en la japonesa ciudad de Kyoto.

Obama ha prometido algunas medidas ambientalistas, como la adopción de combustibles más amigables con el ambiente, especialmente para el parque automotor de su país que es enorme, y otras que no llegan a tocar el fondo del problema como es la sustitución de la energía fósil (derivados del petróleo, así como carbón) con la que se alimenta en la actualidad el gran complejo industrial estadounidense. Y cuando falta muy poco para la cumbre de Copenhague, los grandes países industrializados así como los emergentes, ya comienzan a titubear sobre una reducción de de sus emisiones de gases contaminantes por su vinculación con la crisis financiera internacional.

De manera que, Obama se convierte en el gran factor de decisión de lo que ocurra en Copehague, tanto por el país que representa (emite alrededor del 27% de los gases causantes del calentamiento global), como por su peso para influir ante países como la emergente China, actualmente a la par de Estados Unidos en cuanto a emisión de gases de efecto invernadero, para que disminuya sus emisiones.

Por eso, por el papel que le corresponde jugar a Obama en cuanto a la reunión de Copenhague, consideramos que el Comité del Premio Nobel debió esperar un tanto, y otorgárselo el próximo año, en caso de que el supuesto plan que ha venido prometiendo para alcanzar un acuerdo intergubernamental que contribuya a frenar el cambio climático que hoy se traduce en desgracias para el planeta, alcanzara sus objetivos. Así si, tendría Obma el derecho de recibir su Nobel y hasta aquí en Venezuela podríamos llamarlo para entregarle también su réplica de la Espada de Bolívar. ¿Y por qué no?

Gilberto Carreño / Editor / Círculo Ambiental
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