El oro en las entrañas de Guayana

Humberto Silva Cubillán
La codicia por la búsqueda del oro en las selvas guayanesas posiblemente nació de los relatos fabulosos que en el siglo XVI diera a conocer Juan Martínez, un soldado que afirmó haber conocido “Manoa”, el reino del oro. Don Antonio de Berrios fundó a principios de 1596 la primera población sobre el Orinoco, la cual llamó Santo Tomás, cerca de la confluencia entre el Caroni y el Orinoco, frente a la isla Fajardo, proceso histórico de la conquista de Guayana que siempre estuvo signado por la fiebre del oro y las riquezas de la región . Según la leyenda,el nombre de Guayana proviene de una expresión indígena que quiere decir "amarillo" . Nuestros aborígenes emplearon el vocablo “uayana”, cuando observaban el oro.

Aquel fabuloso "Dorado" , seria la confirmación de lo que en el Siglo XVI buscaron con rapacidad los euoropeos en estas tierras: Gonzálo Pizarro, Juan Ordáz, Francisco de Orellana, Hernán Pérez de Quezada, Felipe de Urre, o Walter Raleigh ,inglés este (a quien se le atribuye el haber exclamado ¡En la Guayana toda roca reluciente es una madre del oro !, esto lo dice Alejandro Von Humblodt en sus Viajes a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente ), quien ilusionado por la leyenda de "El Dorado", recorre el Orinoco, se ve implicado en un complot para conseguir concesiones religiosas en contra de Jaime I de Inglaterra, quien sucedía a Isabel I en 1603. Es puesto prisionero en la Torre de Londres y en 1616 liberado para ir en busca de "El Dorado", labor que le fue infructuosa y en 1617 desiste de su búsqueda, no sin antes manifestar "la certeza de que bajo el sol no existe país más rico que esta Guayana”. En 1618 fue decapitado por no haber encontrado el tan codiciado Dorado.

Herencia, no agradecida, supongo, esta dejada por los conquistadores y colonizadores de América, Venezuela , en nuestro caso, que nos acerca a la realidad de hoy cuando encontramos a los indios, horadando el vientre de la tierra, o removiendo el lecho de ríos y quebradas para apoderarse de las codiciadas partículas de oro, para sobrevivir : el Pemón, Warao, Arawako, Kariña o Akawaio, "guayare" , terciado al lomo, batea, suruca y pala incluida en su primitivo apero, motivados por ancestrales formas de producción artesanal, pequeña minería ejercida entre la Reserva Forestal del Imataca, el Parque Nacional Canaima, cuencas altas de los ríos Caroni y Paragua, y otras subcuencas : :Arabobo, Kukenan, Yuruani, Aponwao, Surukun, Ikabaru, Carrao , Antabare, Karuain y Uriman ; que, a nuestra manera de ver, el daño ambiental era, en cierto modo, muy similar al del itinerante conuco. Es decir, en relación con la voracidad de la tecnología que los relevó de esas faenas, era relativamente insignificante. Pala, pico, suruca, dentro del "guayare". Explotación de sobrevivencia no tan dañina al medio ambiente.

El Guayare del Pemón
Luego arribó el minero, de cualquier nacionalidad, que dio cabida a la minería por otorgamiento forzoso de concesiones, estimulados por disposiciones contenidas en el Decreto 2.039 del 15 de febrero de 1977. cuyos fundamentos devenían del Articulo 11 de la Ley de Minas de 1945 (vigencia de este hasta 1999, cuando según Decreto 5.382, es derogado) eliminaba el libre aprovechamiento, agresiva explotación dada la capacidad destructora por la presión de las maquinas sobre la intoxicada tierra, o succionando en las revueltas y encrespadas aguas de los guayaneses ríos, haciendo uso de las técnicas de recuperación amalgamando con mercurio, de dudoso rendimiento, o de lixiviación con cianuro para separar el oro de la tierra.

Ello propició el ingreso a los escenarios naturales de Guayana de una ilimitada cantidad de maquinas "chupadoras", y detras de ellas: más devastación, menos controles y más corrupción. Aparecieron mineros de cuanta nacionalidad podamos considerar con la gran minería, privilegiada por un régimen de dudosas concesiones y contratos de áreas de explotación de oro otorgados a empresas extranjeras o nacionales, incluida allí a la CVG, haciendo su poco aporte y peor contribución a la degradación del ya maltratado medio ambiente de Guayana, impacto ambiental de la minería del oro, cuya estela quedaba a su paso: afectación de la capa vegetal y del entorno en general; contaminación del aire, intervención de las aguas superficiales y subterraneas, depredación de la flora y la fauna; efectos sociales negativos en el entorno humano por el surgimiento descontrolado de asentamientos mineros con su delincuencia, vicios y prostitución incorporados; cambios en el microclima y en lo escenarios naturales; y todo lo que deriva de una incontrolada práctica de explotación aurífera.

 

Actividad esta que antes de 1991, era potestad del Estado, que no se ocupaba mucho de ello pues el petróleo le resultaba mas rentable, manteniendo una modesta producción en las viejas vetas de El Callao que nunca paso de 12 toneladas anuales y permitiendo a la pequeña minería artesanal extraer unas pocas toneladas de oro en aluvión. Pero a partir de esa fecha y en conexión con el programa económico neoliberal, se abrió un proceso de cesión de grandes y medianos contratos para explotación aurífera que hasta 1994 habia otorgado 436 concesiones en una superficie de 1.283.882 hectáreas, casi 12.839 kms.\2, siendo el área que finalmente se entregara a los operadores mineros de unos 30.000 kms.\2.

La visión del problema, hoy día, responde a una verdad que ha sido analizada por cualquier conocedor de la problemática: la existencia de una densa legislación ambiental y minera impunemente violada o poco aplicada, como más aun irrespetada; una difusa o poco claras formas de repartición de funciones entre varios sectores del ejecutivo nacional con responsabilidades en la materia ambiental y minera sujetas a criterios políticos, de espaldas a los impactos que sobre el ambiente se reflejan y la insustancial vigilancia y control ambiental; conforman una trilogía inseparable debajo de la cual subyace una creciente corrupción, avaricia que enceguece a los que se encuentran de alguna manera, relacionados con la explotación del oro.

Y de allí, percibir tantos ríos contaminados por la búsqueda del oro, lixiviado con cianuro o amalgamado con mercurio; (mezclas que son la maldición del medio ambiente y daños irrecuperables de la salud de quienes con ellos operan) caudales que vierten los desechos en el vaso de Güri, afectando las salas de maquinas; lotes boscosos y el Parque Nacional Canaima y la Reserva Forestal del Imataca, drasticamente intervenidos; pérdida creciente de una inapreciable diversidad biológica; afectación de núcleos urbanos; sombrío umbral del cual difícilmente podamos devolvernos si no se hacen esfuerzos por rescatar esas auríferas y diamantíferas entrañas de Guayana, que son las de Venezuela dramáticamente afectadas, derivando de todo ello efectos ecológicos sobre la fragilidad de una tierra que reclama piedad.

 

La explotación del oro, actividad por antonomasia irreconciliable con el medio ambiente e incompatible con los proyectos y objetivos contenidos en el concepto de ABRAE, y de las tantas leyes y decretos sobre la materia existente, causante revelador de la creciente pérdida de la vocación hidroeléctrica de las cuencas altas de los ríos Caroní y Paragua, que dan vida al complejo hidroeléctrico de Güri; no es de extrañar que se haya desatado, incentivada además por el pretexto de que esta riqueza será una solución a las graves dificultades económicas por las que pasa el país dada la crisis mundial que recorre como un fantasma el planeta, acrecentada por los bajos precios del barril de petróleo; los que se han estabilizado en un precio muy por debajo del que se tenia el pasado año, recursos que en aquella oportunidad fueron mal utilizados, consecuencias que hoy día se están padeciendo.

El hallazgo de una "bulla", esta a la espera de la "partida" de cualquier cantidad de mineros, cada uno en busca de su propio "barranco" para montar su "chupadora", o entre varios (se especula que existen no menos de 15.000); comerciantes,molineros, compradores, orfebres, prostitutas, funcionarios públicos ávidos también de hacerse de su cuota, bajo cualquier pretexto; extracción ilegal que difícilmente pasa por la contabilidad del Banco Central, de una declarada legalmente que escasamente alcanzó a 11 toneladas, el año pasado, en comparacion de la que pasa por los caminos verdes hacia Brasil, cuya cantidad se desconoce.

Si a ello agregamos que el Estado promueve la emisión de Bonos de la CVG, de los que el 50% de la emisión se usará como fondo de repago y se canjeará con toneladas de oro (Minerven, la empresa aurífera de la CVG prevé una meta de producción de oro de 8 toneladas al cierre de 2009 y actualmente los precios internacionales oscilan entre 936 y 948 dólares y se estima que superen la barrera de los 1.000 dólares) en la medida que la producción se vaya incrementando, este bono estaría rondando los 4 millardos de dólares, aunque posiblemente aumente, producción aurífera que se empleará como "colateral" y la CVG solicitará la cotización de los bonos 2014 en el mercado europeo, a través de la Bolsa de Valores de Luxemburgo"; el panorama que se vislumbra para la geografía de Guayana, desde el punto de vista ambiental no es el mas despejado.

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