Fenómenos y Desastres Naturales en el manejo periodístico

Mérida, 23.08.2010 / Marcos A. Peñaloza-Murillo, Ph.D – ULA
El papel de los medios a la hora de enfrentarse a situaciones nuevas, esperadas o inesperadas, pasa por pruebas cruciales que calibran la preparación de éstos en el momento de tratar la noticia o los temas involucrados en la misma. La comunicación social debe ser integral y completa aún cuando esto no es muy fácil de alcanzar debido a la compleja especialización de las áreas del conocimiento que deben considerar.

Por simple tradición, el periodismo político, deportivo y de farándula, son las ramas que más han alcanzado desarrollo en el país, en comparación, por ejemplo, con el de la economía y de las ciencias. A un periodista se le hace más difícil trasmitir al público una idea en estas dos últimas área que en las tres primeras; esto depende obviamente de su conocimiento del tema y de su habilidad para comunicar, pero también depende fuertemente de lo claro que sea la fuente con el periodista.

En el área económica, por ejemplo, yo no he visto todavía una clara, pero sencilla explicación, de las causas por las cuales se produce el fenómeno de la inflación porque, por lo que se ve, esto no es fácil de explicar. ¿Por qué las cosas no se dejan como están para que la inflación se detenga? En otras palabras, ¿por qué no se congela todo, es decir, los precios y los sueldos, y problema resuelto? Me parece que las respuestas a ese tipo de preguntas son las que el público desearía conocer y entender de los especialistas, a través de los comunicadores sociales.

Pero el área de la economía no es mi especialidad, ni tampoco deseo tocar aquí este tema como simple miembro del público. Mi interés aquí es otro: el de la ciencia básica.Con referencia a las ciencias, la cosa es aún más compleja. Para mostrar esto, permítanme citar tres casos relativamente recientes en los que la interacción periodista-fuente condujo a la presentación por TV de declaraciones confusas y/o erróneas que, a su vez, deben conducir a una reflexión, después que se lea este artículo, por parte de los periodistas y de aquellas fuentes que aceptan la responsabilidad de enfrentarse a la difícil situación de declarar o ser entrevistados por los medios.

En estos casos, primeramente, está involucrado un fenómeno poco usual para un país y una generación, pero esperado, como lo fue el eclipse total de Sol del pasado 26-02-98, y otro, también poco frecuente, pero inesperado, como la inundación de agua, con lodo, piedras, escombros, etc del pasado 16-12-99, que casi destruyó el Edo. Vargas.

Los especialistas y aficionados a la Astronomía, junto con los comunicadores sociales y público en general, sabíamos que, a menos que hubiera mal tiempo, un eclipse total de sol sería observado esa fecha desde el norte del Edo. Zulia y la Península de Paraguaná en la tarde del día jueves 26 de febrero de 1998. En particular, los canales de TV nacionales desplegaron, cada quien, su operativo para cubrir en vivo un evento como este, que no ocurría apreciablemente en Venezuela desde el día jueves 3 de febrero de

En Paraguaná, una periodista de un conocido y antiguo canal privado de TV, con señal nacional abierta, se hallaba ubicada en la playa El Pico para cubrir el fenómeno. Entre los entrevistados por ella, se encontraba el encargado de la sección de Astronomía de una conocida sociedad científica venezolana con sede en Caracas quien venía haciendo comentarios y respondiendo las preguntas de la periodista. Mostrando evidencias de que se había “dateado” muy bien, la comunicadora social le preguntó sobre las causas de una especie de “bandas de sombra” observadas sobre el suelo justo pasada la totalidad de eclipses totales de Sol anteriores. El entrevistado respondió de tal forma que pareció no haber entendido la pregunta. Al darse cuenta de ello, la periodista insistió en la pregunta sobre estas “bandas” y el entrevistado respondió nuevamente con algo que no tenía que ver con el fenómeno, dando a entender que no sabía nada de lo que le estaban preguntando. La periodista, obviamente, se dio cuenta de ello y no insistió más sobre el tema.

En la misma transmisión y operativo y, considerando el segundo caso, en el estudio de dicho canal, se encontraba el periodista ancla. Hacia el final de ese programa especial sobre el eclipse, el periodista leyó unos datos meteorológicos obtenidos durante el fenómeno y suministrados por alguna determinada fuente. Cuando se refirió a la variación de la presión atmosférica, dio el valor en grados centígrados, cuando debió haberla dado en milibares u otra unidad de presión.

En el tercer y último caso, por el mismo canal, y un poco menos de dos años (enero 2000) después del eclipse referido, fue presentado un programa especial, a raíz del para entonces recién desastre ocurrido en el litoral central, conformado por un panel de varios ingenieros, y moderado por otro conocido y reconocido periodista.

En cierto momento, el periodista mostró una impresionante foto publicada en un conocido rotativo de Caracas de alcance nacional, donde se vio un edificio parcialmente destruido por unas inmensas rocas arrastradas por la inundación desde la montaña. En este punto el periodista, quien no es ingeniero ni físico, trató de introducir la idea de la energía que debieron haber tenido esas rocas para derribar parcialmente este edificio. Para ello, trató de recordar una ecuación de física básica (que hemos aprendido desde la secundaria) de la cual dijo, con cierta duda, que era igual a la masa de cada roca, multiplicada por algo así como… la velocidad, etc. Trataba de recodar la segunda ley de Newton que establece que la fuerza es igual a la masa del cuerpo por su aceleración (F = ma). Al preguntarle por tal ecuación a los ingenieros del panel, alguien le respondió que era la ¡masa multiplicada por la velocidad de la luz elevada al cuadrado (E = mc2)!, o sea, la famosa ecuación de Einstein que da la energía durante la transformación de masa en energía en una fisión nuclear; en otras palabras, según lo dicho, lo que traían esas rocas no era energía mecánica, que es lo correcto (igual a la suma de la energía cinética de traslación más la de rotación), sino ¡energía atómica o nuclear! Si eso hubiera sido así, estas “rocas atómicas” hubieran arrasado con todo el litoral central venezolano, desde Carayaca hasta más allá de Los Caracas y alrededores. Y ahí está la gran diferencia

Los ejemplos anteriores merecen unos comentarios y una reflexión final. En el primer caso, el hecho de que el representante de la sociedad científica no supiera nada sobre las “bandas de sombras” no tiene nada de malo. Este fenómeno óptico, que aparecen sobre el suelo al final de la fase de totalidad de un eclipse solar, no es sencillo de explicar, aún más, cuando sus causas son todavía materia de discusión y todavía no hay un acuerdo científico sobre las razones que las originan. Es natural que frente a una audiencia muy grande, que sigue con mucha atención un fenómeno en vivo por TV, uno se sienta en una situación muy embarazosa cuando no se sabe, o uno no sabe explicar algo que el periodista pregunte.

Por propia experiencia pública y docente, es mejor contestar “no lo sé”, “me declaro por los momentos incompetente para opinar sobre la materia”, o algo equivalente, que contestar incorrectamente o con evasivas para dar la impresión al público en general, o a los estudiantes, que uno domina el tema, o al menos, que uno sabe algo sobre el asunto. Es muy probable que alguien sienta (periodista, estudiante, etc) que la fuente no está respondiendo correctamente.

En el segundo caso, el periodista ancla leyó algo que fue redactado por otro que a su vez recibió la información de la fuente. ¿En dónde se produjo el error? Seguramente en la fuente o en la redacción, pero aún así el primero, recordando que los grados centígrados son unidades de temperatura, pudo haber enmendado de alguna manera el error durante la lectura de la información en cámara.

Y en el tercer caso, el de el programa sobre la tragedia de Vargas, el cual después fue repetido dos veces más, hubo en el mejor de los casos un mal entendido entre el panel y el comunicador, o en el peor, que unos veteranos ingenieros hayan posiblemente olvidadola física básica aprendida en sus primeros semestres universitarios, que los llevó a “meter la pata” pues ninguno de los otros del panel hizo la corrección de rigor

Así como nosotros no estamos acostumbrados a estos fenómenos naturales, los periodistas, excepto aquellos especializados, y sus fuentes, no están acostumbrados a tratar estos temas en entrevistas o programas especiales, y si no hay una completa preparación previa entre la fuente y el periodista, se transmitirán seguramente errores que no se pueden dejar pasar.

No obstante que la TV nos proporcionó imágenes directas y telescópicas del eclipse de 1998, la cobertura hecha por la prensa escrita sobre este eclipse venezolano, antes y después de él, fue, en mi opinión, mucho mejor que la que se hizo por TV antes, durante, y después del evento; pero esto no fue tanto (como en el caso del periodista), por culpa de los periodistas, sino más bien de las fuentes que, por el contrario, deben ayudarlos a hacer mejor su trabajo. En el caso del evento de Vargas el despliegue mediático fue diferente por lo dramático y por el impacto humano y socio-económico que tuvo. Espero que la próxima vez errores semejantes, como los aquí referidos, sean evitados para mejorar la calidad de la comunicación social en el área de las ciencias exactas y naturales, en consonancia con el planteamiento de Calvo Hernando quien, en su interesante artículo “El periodismo del tercer milenio. Problemas de la divulgación científica en Ibeoamérica” (Interciencia 2002, 27: 57-61), abre su resumen diciendo: “En nuestro tiempo han surgido unos profesionales de la información cuya misión es explicar al público el universo y hacer partícipe a la mayoría de los descubrimientos e investigación de esa minoría integrada por los hombres de ciencia. El periodismo científico constituye un instrumento para la democracia, porque facilita a gran número de personas poder seguir los avances del conocimiento. Por el momento, esta idea no ha llegado plenamente al público y ni siquiera a los políticos ni a los restantes dirigentes de nuestras sociedades (…)”.

En próxima entrega, contaré una vez más la experiencia onírica de una coincidencia o presunta premonición relacionada con el desastre de Vargas, a través de un sueño extraño que tuve justo semanas antes del mismo, pero estando no cerca del Edo. Vargas sino, más bien, a miles de kilómetros del país [publicada como artículo de opinión en El Nacional, 16-12-06 y previamente en el interior del país en Frontera (Mérida) 23-01-00, Cambio de Siglo (Mérida), 22-05-00 y La Nación (San Cristóbal), 11-06-00].

Marcos A. Peñaloza-Murillo, Ph.D.
Universidad de los Andes. Facultad de Ciencias. Departamento de Física
Mérida. Venezuela

(enero2005@yahoo.com)

 

 

 

 

   
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