P. N. Morrocoy debe ser declarado en emergencia

Gilberto Carreño / Círculo Ambiental
Declaraciones recientemente formuladas por el oceanógrafo y experto en química ambiental, Andrés Osorio, advierten sobre lo que los visitantes de esa inmensa porción costera, que se extiende desde poco más allá de Boca de Aroa hasta Chichiriviche, habrán tenido la oportunidad de detectar en relación con las condiciones sanitario ambientales de toda esa zona del Golfo Triste que forma parte del Parque Nacional Morrocoy.

Entrevistado por la periodista Valentina Quintero, en su programa En todas partes, que se transmite los fines de semana en Unión Radio, Andrés Osorio alertó sobre una situación que puede ser considerada de extrema gravedad por las implicaciones de insalubridad y deterioro ambiental y ecológico en el Parque Nacional Morrocoy derivadas del proceso de contaminación que lo afecta.

De acuerdo con la descripción de Osorio, una trilogía presente en la zona, atenta contra la salud de los visitantes y afecta el equilibrio ambiental y ecológico del parque marino costero. Son ellas: el incontrolado vertido de aguas servidas provenientes de la gran cantidad de edificios construidos especialmente en las poblaciones de Tucacas y Chichiriviche; la descarga de sedimentos y aguas negras arrastrados por los ríos Yaracuy y Aroa y las descargas de efluentes provenientes del eje industrial que se extiende desde El Palito hasta Boca de Aroa.

Como es conocido, por sus condiciones excepcionales, desde el punto de vista de los valores ambientales y ecológicos presentes en esa región del estado Falcón, que abarca 32.090 hectáreas, fue incluida dentro del sistema de Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE), bajo la figura de Parque Nacional Marino Costero, en 1974.

En esa oportunidad, las autoridades ambientales, específicamente el Ministerio del Ambiente y el Instituto Nacional de Parques procedieron a la demolición de una gran cantidad de viviendas construidas con fines vacacionales, en su mayoría palafitos, que ocupaban la mayoría de los cayos causando contaminación de los suelos y aguas y afectando la inmensa riqueza vegetal y faunística del área. Fue una gran batalla librada contra los propietarios de las viviendas que, al final, debieron acatar la decisión de las autoridades apoyadas en decisiones tribunalicias.

La trilogía degradante
Osorio se refirió, en primer lugar, a la construcción desmedida de edificios en áreas que bordean al parque que transformó el paisaje en evidente violación de las normas urbanísticas de los municipios Silva (Tucacas) y Monseñor Iturriza (Chichiriviche) al superar, entre otras, las alturas, pasando de cuatro a 14 pisos en muchos casos; y permitiendo el vertido de las aguas servidas sin tratamiento en la región costera.

Según lo indicó, resulta muy fácil constatar que las plantas de tratamiento de los edificios se encuentran en su totalidad inoperantes, dado que no se les aplica el obligado mantenimiento y no existe ningún tipo de control por parte de las autoridades municipales y ambientales sobre esas instalaciones.

Andrés Osorio relató que un estudio realizado por investigadores del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y de la Universidad Simón Bolívar (USB), en el 2004, determinó que las ostras extraídas del refugio de Fauna Silvestre de Cuare, localizado dentro del PN Morrocoy, se encontraban contaminadas con bacterias asociadas a las descargas de aguas negras provenientes de la población de Chichiriviche.

Y en investigaciones más recientes, en las que tuvo participación Andrés Osorio, su equipo de trabajo, donde se incluyó a investigadores de la Universidad de Carabobo, pudo determinarse que entre las bacterias presentes en las ostras que eran expendidas a los visitantes del parque se encontraba la Vibrio cholerae (propagador del cólera en humanos y que puede matar a una persona en 4 ó 5 horas). Sin embargo, duró mucho para que las autoridades tomaran la decisión de impedir la extracción y venta del molusco, después de comprobarse que se estaban presentando casos de personas intoxicadas, con vómitos, diarreas y deshidratación, según lo indicó el informante.

En segundo término, se refiere a la situación derivada a los daños que causan en el área del golfo Triste los ríos Aroa y Yaracuy, cuyas cabeceras se encuentran sometidas a un proceso de deforestación y solo arrastran barro, agroquímicos y aguas cloacales de inmenso contenido fecal cuyas bacterias están acabando con los arrecifes coralinos, las praderas de talasias y el bosque de mangle que constituyen gran parte de los valores ecológicos del parque.

Una de las causas de la pérdida de los corales, en un porcentaje que Osorio ubica en más de 90 por ciento, es la extinción de la quigua, principal depradador del alga que acaba con los corales, a causa de la irracional extracción del molusco.

El tercer factor degradante del parque Morrocoy, citado por Osorio, es la existencia del eje industrial establecido desde hace muchos años en la zona, especialmente entre El Palito y Boca de Aroa, cuyos efluentes líquidos son vertidos directamente al mar, sin tratamiento previo.

Además del famoso caso de derrame de clorogas, ocasionado por una planta de Pequiven, registrado en 1970, y el cual causó el envenenamiento de una gran cantidad de especies de la fauna marina, se encuentran con frecuencia peces contaminados con mercurio y trazas de hidrocarburos. Incluso, un trabajo realizado por investigadores del IVIC llegó a determinar la presencia de mercurio en el agua de algunos cocos examinados.

La más reciente mortandad de especies marinas fue detectada en enero de 1996, según lo recordó Osorio, quien considera que la misma fue atribuida a varios factores naturales y antropogénicos.

¿Quién controla?
De acuerdo con las declaraciones del experto, el problema principal radica en la falta de control, por una parte, de las autoridades municipales que están llamadas a hacer cumplir la normativa urbanística y ambiental por parte de las industrias y de propietarios de edificios que generan las descargas de efluentes; por la otra, por la ausencia del aconsejable monitoreo ambiental y de calidad de las aguas del refugio y de la totalidad del parque que están llamados a mantener las autoridades ambientales sobre ésta que constituye un ABRAE.

Para ilustrar la ineficiencia de las autoridades en el control ambiental de la zona, cita lo que ocurre con el Ministerio del Ambiente, cuyo equipamiento vehicular constituido por tres carros y una lancha se encuentran inservibles.

Recomendaciones del experto
Andrés Osorio se pronuncia por la adopción de lagunas de oxidación, concebidas como excavaciones de poca profundidad en el cual se desarrolla una población microbiana compuesta por bacterias, algas y protozoos (que conviven en forma simbiótica) y eliminan en forma natural, patógenos relacionados con excrementos humanos, sólidos en suspensión y materia orgánica, causantes de enfermedades tales como el cólera, el parasitismo, la hepatitis y otras enfermedades gastrointestinales.

De acuerdo con su criterio, garantizar el funcionamiento de las plantas de tratamiento existentes en los edificios e industrias, resulta una tarea un tanto difícil, por lo que recomienda la implantación de lagunas de oxidación, también llamadas lagunas de estabilización, que permitirían centralizar la recepción de las aguas provenientes de los usos domésticos e industriales, incluidas las descargas de los ríos Aroa y Yaracuy.

Vale comentar que estas lagunas de oxidación son adoptadas en instituciones de tanta importancia como la NASA, que para hacer más efectiva la purificación de las aguas que tiene lugar en la misma, siembran en ellas plantas vasculares que remueven significativamente los nutrientes allí depositados y las aguas resultantes pueden ser reutilizadas para fines agrícolas e industriales.

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Gilberto Carreño
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