Caracas,11.05.2010/Gilberto Carreño/Círculo Ambiental
Como todos los años, las instituciones públicas y privadas de alguna manera vinculadas con la actividad ambientalista se incorporan al “cotorreo” sobre la importancia del reciclaje por su contribución en la lucha contra la contaminación atmosférica y el beneficio derivado de la disminución de la presión sobre los recursos naturales, y eso está muy bien. Lo que no está bien es que, a estas altura, los venezolanos conscientes de la bondades del reciclaje sigan frustrados al no por poder participar como debieran de esta sana práctica.
Haciendo un poco de historia podemos recordar que el Día Mundial del Reciclaje fue instituido por la UNESCO, con el propósito de que el 17 de mayo de cada año las personas e instituciones conscientes de la problemática ambiental promuevan entre la mayor parte de los habitantes de nuestro planeta la necesidad y posibilidad de no convertir en basura todos esos objetos convertidos en desperdicios después de usarlos. Un antecedente más remoto de esta conmemoración, la encontramos en Texas (1994) y extendida en los años siguientes a todos los Estados Unidos, con una motivación específica: promover el consumo de artículos elaborados con materiales reciclados.
A estas alturas, todo el mundo sabe de que se trata: sencillamente de rescatar la inmensa cantidad de materiales orgánicos e inorgánicos reaprovechables, en función de convertirlos en nuevos productos; con lo que contribuiríamos a reducir los crecientes volúmenes de basura que van a los vertederos, con las dificultades cada vez más mayores en cuanto a manejo (recolección y disposición final); ahorrarle a la naturaleza el desprendimiento de sus recursos, ahorrar energía en el proceso de fabricación de bienes, y promover la creación de puestos de trabajo.
Sin embargo, ¿qué ha sucedido en Venezuela? ¿Por qué no arranca a nivel de todo el país un programa de reciclaje que involucre a toda la población? Pues muy sencillo, porque pese al “cotorreo” de las autoridades ambientales sobre la necesidad del reciclaje, incluso invitando a acogerlo como práctica ambiental recomendable, no lo promueve como realmente correspondería. Esto es: ir directamente a las instituciones llamadas a trabajar directamente con programas locales de reciclaje.
El profesor Hernán Papaterra, director ejecutivo de la Asociación Reciclaje y Producción Limpia, Red de Educación y Tecnología (ARPLI), y quien destaca como uno de los voceros más autorizados en la actualidad sobre la materia. Ha señalado al respecto que “sólo el aprovechamiento institucionalizado de los residuos y desechos, tanto sólidos como semisólidos, mediante las prácticas del reciclaje, el compostaje y la valorización energética y calórica, podría contribuir efectivamente a la reducción significativa de la generación o producción de basura y a la racionalización de las infraestructuras de saneamiento como los vertederos y rellenos sanitarios”.
De acuerdo con lo planteado por el experto, “hace falta una política pública de Estado que incentive, estimule y promueva a quienes dedican esfuerzo o invierten capital, que brinde seguridad social y sanitaria y mejores compensaciones económicas al sector más débil de la cadena del reciclaje, los recolectores, que transfiera tecnologías más limpias a los procesadores y transformadores, que facilite unidades de transporte que abaraten los costes de flete de materiales entre generadores y recicladores”.
Sin embargo, que observamos: en primer lugar, una Asamblea Legislativa que no es ni ha sido capaz de producir un instrumento legal que ponga énfasis en el reciclaje como mecanismo y buenos hábitos ciudadanos para contribuir a reducir la producción de basura en Venezuela. En la prestigiosa institución ambientalista, Vitalis, han estimado (proyección de hace más de tres años) que del total de alrededor de 18 mil toneladas de residuos que se producen diariamente en el país, pudieran estarse reciclando solamente de 15 a 20% del total de los residuos .
En segundo término, que no existe a nivel de las alcaldías del país una actitud favorable a la institucionalización de la práctica del reciclaje. No conocemos, con excepción de El Hatillo, ninguna alcaldía que asuma de una manera directa la implantación de un programa que incluya la recolección, disposición transitoria, clasificación y despacho de materiales reciclables. Peor aun, durante la gestión de Henrique Capriles como alcalde de Baruta, se trató de implantar un programa de reciclaje que, aunque no de la mejor forma deseada pues dejaba la tarea a la operadora de aseo urbano, podría considerarse como un paso importante para avanzar hacia la definición de un programa más eficiente.
Sin embargo, sucedió que a la llegada de Gerardo Blayde a la alcaldía, desaparecieron por lo menos de nuestra vista los grandes contenedores que eran rebasados en su capacidad por la incorporación del público a la práctica del reciclaje. Uno de los puntos más emblemáticos del incipiente programa de reciclaje en Baruta, lo constituyó el Polideportivo de Santa Paula, cuyos contenedores fueron retirados al momento de ser remodeladas sus instalaciones.
A estos problemas se suman los bajísimos precios a los que son sometidas las instituciones públicas o privadas que animadas con los anuncios sobre los beneficios del reciclaje y los presuntos beneficios económicos del mismo, desarrollan incipientes programas de reciclaje que muy pronto son abandonados, precisamente por la falta de incentivos.
Es por esto que, en esta conmemoración tan simbólica del Día del Reciclaje, sólo nos queda afirmar una vez más: estamos convencidos de la necesidad de reciclar, pero nos declaramos frustrados por no poder participar. Si no, pregúnteles a tantas personas que desean hacerlo y no saben donde llevar sus materiales.
Gilberto Carreño
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