Sapito Lipón

Caracas, 4.10.2010 / Saúl Godoy Gómez
Son los batracios más hermosos del mundo, al punto que diseñadores italianos los coleccionan y estudian para aprender de como la madre naturaleza diseña sus formas y combina sus colores. También son los animales más venenosos que se conocen. Pertenecen a la familia de los Dendrobatidae, de los cuales hay más de 100 especies, la mitad más o menos son tóxicos y de los cuales, sólo tres son mortales, siendo el más peligroso, el Phyllobates terribilis; se lleva el honor de ser el animal más venenoso del mundo.

Colombia, Brasil y Venezuela son de los poquísimos países que tienen a estos pequeños y coloridos sapitos que exudan una "leche" que ciertas tribus aborígenes usan en la punta de sus flechas como veneno, y basta una pequeña gota para acabar con la vida del animal más grande, incluido el hombre, no se le conoce antídoto.

Según los expertos en venenos, el curare y la estricnina son suaves en comparación con la mortal toxina de este sapito de color amarillo chillón.

En las selvas venezolanas, sobre todo en la Reserva Forestal de Imataca, se cree, existen todavía especímenes de estos batracios que aún la ciencia no ha estudiado con propiedad.

De más está decir el enorme interés de la comunidad científica internacional por las substancias que segregan estos animales que pudieran ser la base de las medicinas del futuro.

De hecho el Instituto Nacional de la Salud de los Estados Unidos de Norteamérica lleva en estos momentos experimentos con algunos de los alcaloides que ha logrado aislar de esta familia de batracios, y los está usando para el tratamiento de enfermedades y deficiencias neuromusculares, así como estimulantes cardíacos, anestésicos y relajantes musculares.

El asunto es, que estos animales, la especie, se les encuentra en la parte más baja de Centroamérica y al norte de Suramérica y han sido bien estudiados, son pequeños, usualmente de tres a cuatro centímetros y de unos colores y diseños tales que los han hecho motivo de colección principalmente por europeos, pagan el precio que sea por tenerlos en sus terraniums y de hecho algunos diseñadores de joyas los usan como modelos para sus creaciones.

El problema es que es sumamente difícil que se reproduzcan en cautiverio y los que nacen, no producen la toxina.

Entre ellos son inmunes a sus venenos y como a todo sapito, les encanta croar y comunicarse entre ellos, y a la caída de la tarde sus canciones son un deleite al oído.

Varios son los naturalistas que han muerto por un mal manejo de los especímenes, otros han enfermado del hígado solo con tocar el lugar donde estuvieron los guantes de goma con que los manipulan, no se les conoce depredadores y la mayoría de los animales los evitan, sus llamativos colores son suficiente aviso del peligro que corren.

La leche la segregan por la piel cuando están excitados, los indios los atormentan con espinas para que transpiren el veneno, un sapito es suficiente para emponzoñar cincuenta flechas, el veneno dura activo casi un año.

Se trata pues de uno de esos tesoros naturales que tenemos los venezolanos, que no conocemos y que probablemente estemos acabando por la desidia del Ministerio del Ambiente y la voracidad de nuestros funcionarios encargados de autorizar la explotación de las minas en esos territorios incomprendidos y tan lejos de la civilización.

La Reserva Forestal de Imataca es un verdadero cofre del tesoro natural del mundo, lamentablemente también tiene vastos yacimientos de oro y diamantes, y la están acabando por puro avaricia.

percival367@yahoo.com

 

 

 

   
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