Por Luis Cova, periodista ambiental
Los lugareños de diferentes pueblos costeros  del mundo la dan varios  nombres  a este gigantesco quelonio que habita en los océanos Atlántico y Pacífico: cardón en Venezuela por su semejanza con la textura del cactus, laud en la mayoría de los países debido a su forma de guitarra del medioevo, o la bestia, como le dicen en la isla de Margarita por su enorme talla, son algunos de ellos. Sin embargo, su nombre científico es Dermochelys coriacea (que en latín sería como caparazón de piel dura). 

La cardón es la más grande de todos los quelonios, llega a  medir hasta dos metros y medio de longitud y pesar más de 500 kilos, tamaño que no le impide ser una buena nadadora  lo que le permite  desplazarse centenares de kilómetros para buscar  su alimentación preferida, las medusas. Estudios científicos indican que se las ha rastreado desde  Trinidad y Tobago en el Caribe Oriental, hasta las costas de Canadá, regresando luego  a su punto de partida buscando    aguas  calientes   para reproducirse. 

Es la única tortuga marina que no tiene carapacho duro como se dice comúnmente sino que está cubierta en su parte  superior por una especie de manto resistente, como un cuero grueso, de allí que su nombre en inglés es leatherback. Este manto, para llamarlo de alguna manera es surcado a lo largo por  siete quillas parecidas a esas que sobresalen  en el tronco de esa planta xerofítica conocida como cardón,  por eso es  que a este reptil se le ha dado ese  nombre común en la región caribeña.  

Su color es negro como la noche, con pintas blancas y rosadas en  varias partes del cuerpo . Casi en el centro de su enorme cabeza  cada uno de estos especímenes tiene una mancha rosada,  cuya forma varía de una tortuga a otra. Otra característica  de estos animales son sus enormes mandíbulas, que a pesar de su tamaño no son muy fuertes, pero le permiten capturar las medusas para alimentarse. Su volumen va acompañado de  una gran fuerza, capaz de arrastrar a un humano, pero es bueno aclarar que  es completamente inofensiva. 

 La vida de la cardón transcurre  en el agua, se acerca a la costa  para reproducirse; para anidar busca playas solitarias y generalmente  la misma durante  su existencia. Reportes científicos señalan  que puede desovar hasta tres veces en la misma temporada y repite a los dos o tres años. Excava el nido con sus aletas traseras con un mismo compás,   primero una aleta saca algo de arena, luego la otra  hasta que el hueco  toma forma tubular con una profundidad aproximada de 50 a 60 centímetros y  un diámetro de  25 centímetros. 

Generalmente el desove  es de 75 a 85 huevos fértiles, que tienen el tamaño de una bola de billar, en las nidadas se pueden encontrar  hasta 20  ó 25 huevos infértiles, que se reconocen porque son de menor tamaño o de formas irregulares. La eclosión se produce luego de 55 a 65 días de incubación  y el porcentaje de tortuguillos que nacen vivos es variable. 

Las tortugas marinas  están consideradas por la comunidad científica internacional, como  especies en peligro de extinción, de esto no escapa la cardón, a pesar de que algunos reportes recientes  publicados en la revista National Geographic dicen que su población se está recuperando en el Atlántico, con un estimado promedio de 40 mil individuos. La situación es poco alentadora en el Pacifico con un estimado de 5200 cardones. Su principal enemigo es el hombre que las caza y depreda sus huevos. Las artes de pesca como redes y palangres también atentan  contra su permanencia en los ecosistemas  marinos, al igual que la contaminación y  la invasión  humana de las playas de desove.

Fotografías: Luis Cova, periodista ambiental
luisjcova@hotmail.com

 

 

 

 

   
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