Tragedia de Vargas: ¿coincidencia o premonición?

Mérida, 28.11.2011 / Marcos A. Peñaloza-Murillo-ULA
Desde muy niño y joven he venido escuchando a mucha gente comentar sobre los sueños y sus diferentes interpretaciones populares que se le dan a éstos. En particular, recuerdo haber oído que cuando uno sueña con matrimonio o boda, hay tragedia cercana y que cuando uno sueña con funeral o entierro, hay matrimonio cerca. También un sueño muy frecuente y muy comentado es aquel donde uno siente que se le cae un diente, y así sucesivamente. Esto, por supuesto, es parte del folklore o saber popular.

Eran los días finales de noviembre y principios de diciembre de 1999. Habiendo concluido compromisos académicos en un país europeo, me disponía a regresar a la patria después de una ausencia de cinco años y medio. Días antes de partir, tuve un breve sueño del tipo arriba señalado. En él no vi una boda sino dos bodas al mismo tiempo. Vi perfectamente a las dos parejas y lo que mas me impresionó, fue el blanco de los trajes de novia; un blanco tan inmaculado que no recuerdo haberlo visto antes estando despierto. A los novios los vi de negro. Recuerdo también haber visto mucha gente, supongo, invitada a estas bodas. Como una cámara de TV que panea las caras de la gente de cerca, fui pasando por esas personas, cara por cara, una por una, pero no reconocí a ninguna. Todas me eran extrañas y… hasta ahí, el sueño. En el viaje hice una escala de una semana en Nueva York y el recuerdo del sueño seguía viniendo a mi memoria. Como cual clarividente o adivino, hubiera sido irresponsable de mi parte comentar a otras personas que algo muy malo estaba muy cerca.

Desde Caracas, mis familiares me comentaban, vía telefónica, que había estado lloviendo mucho por lo que no me aseguraban que bajarían a Maiquetía a buscarme. Esto me preocupaba pues traía bastante equipaje. Arribé el jueves 9 de diciembre de 1999 y afortunadamente fueron a buscarme. Aunque de noche, al subir por la autopista rumbo a Caracas, pude ver muchos derrumbes que me eran familiares en esa vía en época de lluvias. Nunca me imaginé que las primeras navidades en Venezuela, después de varios años de ausencia, iban a ser tan tristes.

Yo seguía sin hacer ningún comentario sobre el sueño. En marzo de 2000 volé a Cumaná para asistir al II Congreso Venezolano de Física, el cual estaba programado para diciembre del 99 y que, por supuesto, fue pospuesto. Desde el avión, tanto de ida como de vuelta, pude tener una rápida vista área de la zona del desastre de Vargas y el sueño me saltó a la memoria otra vez. Y al siguiente mes (abril, 2000), de visita en la universidad británica donde me doctoré, el sueño fue recordado una vez mas al ver un afiche pegado en una cartelera invitando a una fiesta de salsa en la ciudad inglesa de Ipwich (Condado de Suffolk, East Anglia, cerca de Londres) con el fin de recoger fondos para ayudar a los damnificados venezolanos. Como la fiesta ya había pasado, me traje el afiche como un recuerdo (ver Figura). De regreso a Caracas, pude ver con mayor claridad los “arañazos” que los cerros aledaños a la autopista Caracas-La Guaira tenían por todas partes.

Sobre la estela dejada por este sueño, me surgieron en aquella época varias preguntas: ¿Son realmente premonitorios estos sueños? Si lo son, ¿qué finalidad tiene? Yo no sabía cómo interpretar el sueño, y por lo tanto, no tenía, hasta dónde sabía, amigos en Vargas como para ponerlos sobre-aviso, mas aún, estando a miles de kilómetros de distancia del lugar de los acontecimientos. Tampoco tiene sentido que fuera una premonición, sin mayores detalles, como para que hubiera avisado a Defensa Civil, ponerlos en alerta y evacuar la zona. ¿Cómo operan estos sueños premonitorios? Si no lo son, ¿sobre qué fundamento la cultura popular ha dado esta interpretación general al sueño con bodas? ¿Será que esta creencia popular se basa en una tradición oral de una simple estadística implícita de la coincidencia?

Sin pretender ser intérprete de sueños (o imágenes oníricas), una posible interpretación libre del mismo puede ser, especulativamente hablando, la siguiente: las bodas representan dos tragedias semejantes que ocurrirán simultáneamente en diferentes sitios. Como soy venezolano, éstas se presentarán en Venezuela, en particular, en Vargas y Miranda. Lo característico del blanco del traje de las novias antes mencionado, significa nubes y neblina, mucha nubosidad, es decir, mucha agua. La cantidad de gente que vi, significa que habrá muchos muertos, heridos y damnificados. El negro del traje de los novios significa que habrá luto nacional. ¿Cómo iba a saber esta interpretación, si no era a posteriori? De ahí concluyo que un presunto sueño premonitorio tiene ciertas fallas de consistencia y de lógica; a lo mejor, son así, funcionan así, y la ciencia no sabe todavía cómo explicarlos. ¿Qué sentido tiene interpretar un sueño premonitorio después de haber ocurrido los acontecimientos?

Ya han pasado doce años desde que esta tragedia ocurrió. Y para los que no fuimos directa o indirectamente tocados trágicamente, o para los que no pudimos ver in situ el dantesco escenario de la misma, el tiempo se encargará de reducir su triste recuerdo o importancia en un país que no está acostumbrado a tomar previsiones ni a aprender de lecciones del pasado. No recuerdo el día que caí en cuenta de relacionar este sueño con la tragedia de Vargas. Sin embargo para mi, la pregunta “¿coincidencia o premonición?” sobre un sueño tan curioso, dentro del contexto aquí planteado, seguirá por el resto de mi vida dándome vueltas en la cabeza como un misterio.

Como reflexión final, viene al caso lo siguiente: Queda claro que si la naturaleza hubiera querido oponerse aquella vez, lo hubiera hecho el día anterior (el 15-12-99); fue el día cuando hubo un referéndum consultivo sobre la Constitución Nacional. También queda claro que la naturaleza no obedece, sino que responde o “pasa factura”, igualmente como lo hace el cuerpo humano, dependiendo del mal o buen trato que se le dé porque ella de igual manera tiene sus leyes que respetar. Desde este punto de vista, la arenga política pronunciada en cadena nacional antes de la tragedia de Vargas en contra de la naturaleza, no era necesaria y estuvo, en mi opinión, fuera de lugar. Como se sabe, esta arenga fue copiada del Libertador quien justificadamente la usó en un contexto diferente. El terremoto de 1812 (se cumplirán 200 años el próximo año) se presentó antes y no después de la conocida arenga atribuida presuntamente a Bolívar y lanzada por él, frente o en contra de la manipulación del fenómeno por parte de la Iglesia caraqueña. Espero que quien la usó en la víspera de la tragedia de Vargas, en nombre del poder que le delegó el pueblo, haya aprendido la lección.

La naturaleza se podrá retar, pero lleva las de ganar porque sus leyes han de o tienen que cumplirse, a diferencia de otras que solo deben cumplirse. Las segundas están supeditadas a las primeras; ejemplo: Ley natural: “Todo lo que sube tiene que bajar (en este caso, agua); ley humana: “ no debe vivirse muy cerca por donde baja el agua”. Otro ejemplo: Ley natural: “Donde siempre han habido grandes terremotos, los seguirán habiendo”; ley humana: “Quienes vivan en zonas de alto riesgo sísmico, deben atender a las recomendaciones”.

NOTA: Leyenda de la Figura (siguiente página):

Afiche, colocado en el campus de la Universidad de Essex (Colchester, Essex, Inglaterra, cerca de Londres), invitando a una fiesta de salsa y merengue en la ciudad de Ipswich (condado vecino de Sulffok), el 1ro de abril de 2000, para recabar fondos destinados a los damnificados de la tragedia de Vargas (entrada: 8/10 libras).




Dr. Marcos A. Peñaloza-Murillo, Ph.D.
Universidad de los Andes. Facultad de Ciencias.
Departamento de Física
Mérida, Venezuela

 

 

 

   
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